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Escribo este artículo bajo los primeros efectos de la espectacular operación mediante la cual fue capturado y trasladado a Nueva York el dictador Nicolás Maduro. Durante los últimos cuatro meses sostuve la tesis de que el usurpador no cedería ante los llamados de la comunidad internacional para buscar una solución “diplomática” y negociada.
Señalé que la única forma de que abandonara la usurpada posición de poder sería por la fuerza. Planteé, además, la necesidad de que fuera sometido y arrestado con vida para que rindiera cuentas ante la justicia. Hoy tengo la satisfacción de ver materializado ese planteamiento.
No puedo, entonces, ocultar mi satisfacción de que un personaje tan nefasto, tan perverso y tan deshumanizado tenga que responder por una parte de los múltiples crímenes cometidos. Y digo una parte, porque la investigación y el enjuiciamiento que enfrenta en la corte neoyorquina se refieren únicamente a asuntos de interés e impacto directo para los Estados Unidos.
Los crímenes cometidos contra la nación venezolana —las miles de muertes impulsadas y/o ordenadas por él; los millares de torturados, secuestrados y hostigados; los millones de expulsados y desplazados de nuestra patria; así como el monumental saqueo de nuestras riquezas— siguen pendientes de ser procesados judicialmente para que él, sus coejecutores, cómplices y cooperadores respondan y paguen por sus delitos.
Hoy, lunes 5 de enero de 2026, presenciamos al soberbio y todopoderoso dictador sometido a la justicia. No hubo justicia en nuestro país porque no tenemos fiscales ni jueces. Tenemos personajes serviles a una dictadura criminal, que abandonaron toda dignidad para asumir el rol de agentes mercenarios. Si no fue posible hacer valer nuestros derechos en Venezuela, bienvenido sea que se haga justicia en los Estados Unidos.
Esta primera captura del principal cabecilla de la camarilla usurpadora del poder en Venezuela no significa que la dictadura haya terminado. Es, sin embargo, un paso importantísimo dentro del conjunto de luchas libradas para rescatar nuestro país. Queda aún pendiente la tarea de desmontar toda la estructura criminal montada a lo largo de 25 años de hegemonía del socialismo del siglo XXI. La captura de Maduro es, sin lugar a dudas, un avance significativo en el proceso de desmantelamiento de ese entramado criminal.
Estoy convencido de que los demás integrantes de la camarilla usurpadora no atenderán el llamado del presidente de los Estados Unidos a abandonar su conducta y la usurpación en la que se encuentran. El presidente Trump anunció que, de no actuar en consecuencia, vendría una nueva operación, y lo expresó en los siguientes términos: “La primera ola tuvo tanto éxito que probablemente no tengamos que hacer una segunda, pero estamos preparados para una segunda ola, una ola mucho más grande”.
Conociendo como conocemos a los hermanos Rodríguez, a Cabello, a Padrino y al resto de los personajes de la cúpula roja, poco les importa que haya una “segunda ola”. Si tuvieran un mínimo de racionalidad, ya habrían anunciado su dimisión para ahorrarle al país una nueva operación militar sobre nuestro territorio.
De modo que los únicos responsables de nuevas incursiones de fuerzas militares estadounidenses en Venezuela son precisamente los integrantes de la cúpula roja, y muy especialmente los miembros de la cúpula militar. Los militares son las primeras víctimas de la obsesión por el poder y la riqueza de esa pequeña élite usurpadora. Sus conductores deberían asumir la defensa de sus subordinados y no seguirlos exponiendo a semejante riesgo vital. Es hora de dar un paso al frente y someter a los usurpadores para facilitar el tránsito de la dictadura a la democracia.
A nosotros, los ciudadanos, nos corresponde mantener firme la fe en el futuro luminoso que nos aguarda con la salida de esa satrapía del poder. Para impulsar ese proceso, Venezuela cuenta con sus mejores hijos: hombres y mujeres con elevados valores morales y altamente capacitados para asumir el reto de la reconstrucción institucional, espiritual y material de la República.
Contamos, además, con el liderazgo moral del presidente electo Edmundo González Urrutia y con el liderazgo político de María Corina Machado. En ambos hay amor por Venezuela. Han actuado y seguirán actuando para lograr el desmontaje de la dictadura criminal y conducirnos hacia la democracia. Confiemos en su talento y en su talante. Son factores claves para nuestro retorno a la libertad y al bienestar del pueblo venezolano.
Feliz Año Nuevo, en una Venezuela libre.
Lunes, 5 de enero de 2026
