El precio de la irresponsabilidad: Tiempo de gestos necesarios, por José Luis Farías - LaPatilla.com

El precio de la irresponsabilidad: Tiempo de gestos necesarios, por José Luis Farías

Quizás uno piense ahora, con esa mezcla de fatiga y lucidez que da el naufragio, que entre tirios y troyanos va abriéndose paso cierto consenso: que acaso nos hubiéramos ahorrado la conmoción nacional, el estupor y el desgarro de la madrugada del 3 de enero, de haber hecho simplemente —como nación, como pueblo— lo que correspondía a la sensatez y al más elemental juicio democrático. Pero no lo hicimos. O no supimos, o no quisimos. Y las consecuencias, ahora lo sabemos, las pagarán —las estamos pagando— no solo los responsables directos, sino todos, en una suerte de culpa difusa que se adhiere a la piel del país.

Mirar atrás, desde este presente resquebrajado, solo tiene sentido si es para corregir; nunca para alimentar el rencor, ese veneno lento que todo lo pudre. Se trata, más bien, de cuidar el tránsito, por difícil que sea, hacia un futuro que no repita los mismos errores. Y eso exige, quizás como primer gesto, empezar por lo más básico: la reconstrucción del clima político. Un clima que permita respirar, que favorezca un cambio progresivo y no una nueva fractura. Eso pasa, inevitablemente, por la liberación de los presos políticos —civiles y militares— que aún siguen en cautiverio por motivos inexplicables, o explicados solo por la mezquindad y el miedo. Entre ellos, el caso emblemático —todo un símbolo de esta deriva— es el de Enrique Márquez. Un caballero templario de la política, si es que aún cabe el término, que en todo momento defendió con pulcritud y coraje la Constitución, el derecho de los venezolanos a conocer la verdad sobre lo ocurrido el 28J, y esa idea tan simple y tan esquiva que llamamos democracia.





Claro que el cambio llevará tiempo. Y sacrificios. Algunos tan amargos que parecerán inaceptables en el primer instante. Habrá que tragarse sapos, como se dice en el lenguaje crudo de la calle, si de verdad aspiramos a alcanzar algo que valga la pena: la paz, la libertad, ese bienestar que hoy suena a palabra ajena. Hay tiempo todavía, tal vez no mucho, para dar los pasos necesarios. Avancemos, pues, aunque sea a tientas, con la memoria despierta pero sin permitir que el peso del pasado nos inmovilice. Avancemos, antes de que la ocasión —esta ocasión frágil y necesaria— se nos escurra entre los dedos

¡LIBERTAD PARA ENRIQUE MÁRQUEZ Y TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS!
¡DEFENDER LA CONSTITUCIÓN NO ES UN DELITO!

¡ES LA HORA DE LA UNIDAD DE LOS VENEZOLANOS!