
Estados Unidos emitió nuevas alertas de seguridad aérea para varias regiones del Caribe en las horas posteriores a la captura de Nicolás Maduro, una señal de que el escenario regional sigue siendo inestable pese al cambio abrupto en el poder en Venezuela. Los avisos, conocidos como NOTAM, instan a los operadores a extremar precauciones ante un “riesgo potencial asociado a actividades militares” y estarán vigentes hasta el 2 de febrero, según documentación oficial difundida por autoridades aeronáuticas.
Las advertencias alcanzan a las regiones de información de vuelo (FIR) de Maiquetía, Curazao, San Juan (Puerto Rico) y Trinidad y Tobago, un perímetro que va más allá del espacio aéreo venezolano y abarca rutas clave del Caribe oriental. No se trata de cierres ni prohibiciones de vuelo, sino de avisos técnicos que obligan a aerolíneas, pilotos y aseguradoras a evaluar riesgos operativos en todas las altitudes, incluidos despegues, aterrizajes y sobrevuelos.
La emisión de estos NOTAM se produce un día después de la operación anunciada por Washington que derivó en la detención del dictador chavista y su traslado fuera de Venezuela. Desde entonces, la capital venezolana y otras ciudades del país comenzaron a mostrar una normalización parcial de la actividad, aunque marcada por la cautela. Comercios abrieron de forma intermitente, persistieron filas en supermercados y estaciones de combustible y la circulación fue menor a la habitual, de acuerdo con despachos de agencias y reportes locales.
En paralelo, el chavismo reaccionó con rapidez para preservar el control institucional. El Tribunal Supremo de Justicia, alineado con el oficialismo, designó a la vicepresidenta Delcy Rodríguez al frente del Ejecutivo con el argumento de garantizar continuidad administrativa. La medida fue cuestionada por la oposición y por analistas, que la interpretan como una reconfiguración interna del mismo bloque de poder, más que como el inicio de una transición democrática.

El componente de seguridad siguió siendo central en el terreno. En Caracas y su área metropolitana se registró un despliegue selectivo de colectivos armados en barrios populares, mientras la presencia de fuerzas policiales regulares fue desigual. En zonas cercanas a instalaciones militares estratégicas persistieron cortes de electricidad derivados de los ataques iniciales, aunque el servicio comenzó a restituirse de manera gradual.
En este contexto, las alertas aéreas funcionan como un termómetro técnico de la evaluación estadounidense. La decisión de incluir FIR (Región de Información de Vuelo) fuera de Venezuela sugiere que Washington anticipa una continuidad de operaciones militares o ejercicios en el Caribe, o bien un entorno de riesgo que podría afectar rutas comerciales y de carga. La coexistencia de avisos de precaución con anuncios de flexibilización parcial de restricciones de vuelo refuerza la idea de una gestión dinámica del espacio aéreo, en la que no todo se normaliza al mismo tiempo.
Desde el punto de vista institucional, los NOTAM fueron emitidos bajo estándares internacionales y canalizados por la autoridad aeronáutica estadounidense, la Administración Federal de Aviación, en coordinación con procedimientos de la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional). En términos prácticos, no implican la suspensión automática de operaciones, pero sí elevan los costos de seguros y obligan a revisar planes de vuelo, una señal relevante para aerolíneas que conectan América del Norte, el Caribe y Sudamérica.
Las alertas aéreas emitidas por Estados Unidos funcionan así como un indicador concreto del día después: la salida de Maduro no clausuró el conflicto, sino que abrió una etapa de administración del riesgo bajo tutela externa. Mientras Caracas intenta recomponer una normalidad frágil y el chavismo se reordena para conservar poder, Washington mantiene activo un dispositivo de disuasión que desborda las fronteras venezolanas y proyecta la transición como un proceso condicionado, vigilado y todavía lejos de resolverse.
Con información de infobae.com
