
Si un termómetro pudiera medir la crueldad de lo narrado por Marta Valiñas y su equipo de la trascendental Misión Internacional Independiente de Determinación de Hechos de la ONU sobre Venezuela (FFM, por sus siglas en inglés), el mercurio se habría disparado mil veces.
Por Daniel Lozano | EL MUNDO
La portuguesa Valiñas -quien ya ha informado que deja el cargo en la ONU tras seis años y dos meses de batalla-, el chileno Francisco Cox Vial y la argentina Patricia Tappatá han entrado por la puerta grande en la historia de la Venezuela democrática. Los informes de la Misión encabezada por Valiñas, encomendada por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, han desvelado las constantes violaciones de derechos humanos del chavismo, incluso para quienes durante años han preferido mirar a otro lado por conveniencias políticas, ideológicas o económicas. Unos documentos que con la caída de Maduro cobran especial importancia, por eso ayer la Misión subrayó la necesidad de «garantizar la rendición de cuentas por las graves violaciones de derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad cometidos por su Gobierno».
Pregunta. Usted ha encabezado la FFM desde 2019 hasta hoy, fundamental para conocer a fondo las vulneraciones de derechos humanos que suceden en Venezuela. ¿A qué se debe su renuncia?
Respuesta. La Misión proseguirá, ya hay dos miembros nuevos y pronto nombrarán al tercero. Hay casi un año más de mandato, hasta septiembre, y creo que la Misión se renovará. Mi decisión se debe a haber cumplido un ciclo de dedicación de la Misión. Me da mucha tranquilidad dejarla en buenas manos. Creo que necesita energía renovada y nuevas miradas, siguiendo buenas prácticas ya establecidas. Yo he cumplido mi misión.
Pregunta. ¿Cómo cree que ha reaccionado la comunidad internacional a este agravamiento de los derechos en Venezuela?
Respuesta. Hay un cansancio de la comunidad internacional hacia este tipo de violaciones, a la represión interna contra los opositores. De nuevo se está hablando de Venezuela como tema internacional, pero lo que está pasando dentro de Venezuela sigue siendo muy grave. Me parece que la falta de atención a esto que sucede es un problema.
Pregunta. ¿Cómo se sobrevive emocionalmente a semejante vendaval de ejecuciones, torturas o violaciones sexuales?
Respuesta. Es muy duro, pero lo más duro es sentir la incapacidad de hacer algo más inmediato por las personas que lo están sufriendo. Ahora, creo que por muy duro que sea para nosotros no llega ni cerca del dolor para quienes lo sufren y sus familiares o personas cercanas. La motivación para mi trabajo es pensar que lo que podamos contribuir a la verdad y a la justicia para ellos.
Pregunta. Una de las estrellas descubiertas por la Misión es el coronel Alexander Granko Arteaga, de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), personaje clave hoy en el entramado de represión del chavismo y a la vez empresario millonario que pasea a su equipo de fútbol por la Copa Libertadores. ¿Basta con las sanciones de los estados o es posible otras acciones contra personajes como Granko?
Respuesta. Es difícil combatir el poder y la influencia que estas personas tienen dentro del país. La justicia dentro de Venezuela está comprometida, no funciona. Necesitamos esfuerzos reales de rendición de cuentas. No sólo la CPI, hay que invertir más en procesos fuera de Venezuela porque dentro no es posible. La justicia puede tardar más de lo que queremos, pero llega. También hay que actuar más en la región y en Europa, porque hay países que tienen relaciones económicas con algunas de estas personas. Hay que tener más coherencia y no alimentar económicamente a grupos e instituciones involucradas dentro de Venezuela.
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