
Hay eventos que funcionan como la primera grieta en un dique.
No es aún el colapso. Es una rotura en el sistema. Pero la física ya no perdona: la presión encuentra el camino, el agua comienza a filtrarse, y lo que sigue no es una cuestión de si, sino de cuándo.
Porque cuando la impunidad pierde su inmunidad, cuando el garante de las lealtades ya no puede garantizar nada, cuando el miedo que sostenía la estructura se vuelve miedo a la estructura misma, entonces las fisuras se multiplican más rápido que la capacidad de sellarlas.
Los que permanecían leales por conveniencia comienzan a calcular su salida. Los que obedecían por temor empiezan a temer más las consecuencias de la lealtad. Los que guardaban secretos comprenden que esos secretos son ahora su única moneda de cambio.
Y el dique no colapsa por la grieta inicial. Colapsa porque cada partícula de agua que escapa va abriendo cada vez un boquete más grande, hasta que la estructura entera descubre que estaba sostenida no por su fortaleza, sino por la ilusión compartida de que era inquebrantable.
Son procesos que ya no pueden revertirse, una vez iniciados, solo pueden completarse porque son entrópicos.
Lo que sigue es el diluvio.
