
Dailenys Herrera abandonó Venezuela cuando era adolescente, insatisfecha con sus estudios superiores y sus perspectivas laborales. Ahora, con 21 años, anhela regresar para ayudar a su país a reconstruirse y crecer.
Virginia Ponte, de 75 años, sueña con poder visitar con regularidad a su familia en su país natal sin preocuparse por la delincuencia y la corrupción.
A Gliver Ordosgoitti, de 51 años, le gustaría que se reabrieran los consulados y embajadas de Venezuela en Estados Unidos, y que se permitiera a las aerolíneas estadounidenses volver a volar en rutas directas a Caracas, como hacían antes de 2019.
La captura por parte del gobierno estadounidense de Nicolás Maduro, ha infundido esperanza en los venezolanos y venezolano-estadounidenses del sur de Florida de volver a casa. Es un sueño compartido por muchos de quienes han huido a Estados Unidos desde otros países gobernados por autócratas, donde las economías se han desmoronado y la delincuencia afecta a una parte desproporcionada de la población.
No está claro cómo sería el retorno y, por ahora, existe más que nada como un pensamiento embrionario entre quienes celebran la destitución de Maduro. Pocos venezolanos y venezolano-estadounidenses en Doral, la ciudad de Florida al oeste de Miami con una población venezolana tan robusta que a menudo se la apoda “Doralzuela”, hablaron en términos concretos este fin de semana de regresar permanentemente. Eso fue especialmente cierto para quienes emigraron hace décadas.
Pero si regresar a su tierra natal parecía antes imposible para los venezolanos, como lo ha sido para los cubanos, haitianos y otros inmigrantes que han huido al sur de Florida, ahora de pronto esa posibilidad parecía estar al alcance de la mano.
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