Lo que Donald Trump ha aprendido sobre imponer el poder global

Lo que Donald Trump ha aprendido sobre imponer el poder global

Reuters

 

A Donald Trump le llevó cinco años sentarse en el Resolute Desk para alcanzar una epifanía que podría sacudir el mundo.

Por cnnespanol.cnn.com





El presidente de EE.UU. más atrevido de la era moderna podría a veces enfrentarse a obstáculos legales o constitucionales en su país. Pero se está dando cuenta de que hay todo un mundo allá afuera en el que puede perseguir su búsqueda del poder infinito.

Mientras la arrogancia crece en la Casa Blanca, Trump declaró al New York Times en una entrevista publicada este jueves que solo había “una cosa” para limitar su poder global. “Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”. Y añadió: “No necesito el derecho internacional”.

El comentario de Trump alarmará a los extranjeros que palidecen ante su imagen. También podría desencadenar tres años de agitación internacional.

Su raro momento de introspección se produjo tras una semana frenética que puede entenderse mejor como una demostración de su aplicación de un poder brutal y sin complejos.

Sucesos impactantes pusieron de relieve cómo la política estadounidense, tanto en el país como en el extranjero, es ahora la personificación del complejo carácter del presidente. Es volátil, despiadada y performativa y, en ocasiones, desafía las limitaciones constitucionales y legales.

Trump ha desdeñado durante mucho tiempo el derecho internacional, los tratados, las instituciones multilaterales, el libre comercio y las alianzas que presidentes anteriores consideraban multiplicadores de la influencia estadounidense.

Más que nunca en sus cinco años en la Casa Blanca, actúa con base en esa convicción.

La audaz incursión de las fuerzas especiales que sacó de su lecho al derrocado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, violó la soberanía de otra nación y el derecho internacional.

La operación probablemente excedió la prerrogativa constitucional de un presidente en el uso de la fuerza militar. Pero la moral del mandatario no se vio afectada, así que siguió adelante.

Las ambiciones globales de Trump se desatan

El envío de varios cientos de tropas, múltiples aviones y ataques contra objetivos venezolanos llegó hasta el límite de lo que el presidente está autorizado a hacer, según la Constitución (y muchos críticos creen que lo superó).

Pero la apuesta de Trump por Venezuela es más audaz que eso.

El presidente declaró que supervisará personalmente las exportaciones petroleras de Venezuela, en un resurgimiento de la política colonialista a la que Estados Unidos se ha opuesto durante mucho tiempo.

Trump vuelve a tener en la mira a Groenlandia, cuyo ya elevado valor estratégico se está volviendo aún más crítico debido a sus depósitos de minerales de tierras raras y a que el derretimiento del hielo polar abre una nueva competencia geopolítica.

A Trump parece no importarle que sea un territorio semiautónomo de Dinamarca, aliado de la OTAN, y que su gente no haya expresado ningún deseo de ser estadounidense.

“La propiedad es importante”, declaró el presidente al Times.

La Casa Blanca había declarado previamente que Groenlandia era importante para Trump por razones de seguridad nacional. Pero su singular moral le permite adoptar una motivación más personal. Aseguró que la propiedad de Groenlandia le proporcionaría “lo que considero psicológicamente necesario para el éxito”.

La ambición de Trump es extraordinaria. Pero su convicción de que la fuerza de Estados Unidos le da derecho a territorios que no le pertenecen evoca las apropiaciones de territorios de los dictadores más infames de la historia, por no mencionar al presidente de Rusia, Vladimir Putin, con Ucrania.

Los comentarios del Presidente al Times siguieron a una advertencia de su subsecretario de la Casa Blanca, Stephen Miller, en CNN de que Estados Unidos vive ahora en un mundo “que está gobernado por la fuerza, que está gobernado por la dominación, que está gobernado por el poder”.

Par leer la nota completa pulse Aquí