
Por estos días, Venezuela vive una coyuntura excepcional. En enero de 2026, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, expuso un plan estructurado en tres fases para acompañar la transición tras la captura de Nicolás Maduro. El énfasis inicial —estabilización y control— no coloca de inmediato el foco en elecciones, sino en evitar el colapso institucional y social, garantizar seguridad territorial y cortar las redes criminales que durante años secuestraron al Estado. La segunda fase apunta a la recuperación económica y la apertura energética; la tercera, a una transición política sustentada en reconciliación nacional y liberación de presos políticos.
Esta secuencia no es caprichosa. Quienes conocen procesos de posconflicto saben que sin seguridad no hay derechos que perduren; sin instituciones mínimamente funcionales, la democracia se vuelve frágil. Sin embargo, hay un punto que no admite dilación moral ni política: la liberación inmediata y plena de todos los presos políticos. La existencia de detenidos por razones de conciencia es, por definición, una de las señas más evidentes del terrorismo de Estado. Desmontar el narco–Estado comienza por devolver la libertad a quienes fueron encarcelados por pensar distinto.
A la hora de escribir estas líneas, anuncios oficiales hablaron de excarcelaciones; la realidad, no obstante, dista de lo prometido. No llegan a diez los liberados. Esa brecha entre palabra y hechos obliga a redoblar la vigilancia ciudadana y la presión cívica. La seguridad de los venezolanos sigue amenazada: persisten detenciones, persecuciones selectivas y hostigamientos a ciudadanos y extranjeros. Por ello, el llamado es claro: prudencia activa, organización y protección comunitaria.
Desde la perspectiva del Programa de Organización Ciudadana (POC) y del Frente Amplio Profesional Internacional (FAPI), no hemos detenido nuestro trabajo. Por el contrario, lo hemos intensificado. Avanzamos en una campaña permanente de acciones concretas en veinte temas estructurales —institucionalidad, justicia, seguridad, servicios, economía productiva, tejido social— con propuestas claras para las primeras 100 horas y los primeros 100 días. Porque la reconstrucción no será obra de decretos aislados: será, sobre todo, una labor ciudadana.
Este mensaje va dirigido, especialmente, a los líderes sociales de Venezuela. A quienes sostienen comedores, escuelas, parroquias, gremios, comunidades productivas y redes solidarias. A quienes, aun en la adversidad, han mantenido encendida la llama del servicio. No desmayen. La historia no concede victorias definitivas a quienes se rinden antes del final. Perseverar hoy es asegurar mañana.
Reafirmamos, además, nuestra confianza en la conducción del liderazgo democrático que ha guiado este proceso con claridad moral y firmeza estratégica: María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, y el presidente electo por los venezolanos el 28 de julio de 2024, Edmundo González Urrutia. Su liderazgo ha logrado articular voluntades internas y respaldo internacional sin sacrificar principios. En momentos de transición, la confianza es un activo estratégico; cuidarla es una responsabilidad colectiva.
El mundo libre continúa presionando por el restablecimiento pleno de la libertad en Venezuela. Hay señales —aún insuficientes— de desmontaje del aparato represivo que el régimen construyó durante años. Cada gesto debe ser verificado, cada anuncio, contrastado con hechos. La vigilancia ciudadana y la acción organizada son la mejor garantía contra retrocesos.
A los líderes sociales les decimos: prioricen la seguridad de sus comunidades. Documenten abusos, coordinen redes de apoyo legal y humanitario, protejan a los más vulnerables. No expongan innecesariamente a su gente; la valentía no es temeridad. La transición exige inteligencia cívica, disciplina y cooperación.
Venezuela enfrenta una tarea monumental: reconstruir instituciones, sanar heridas, reactivar la economía y restituir derechos. Ninguna potencia extranjera puede —ni debe— sustituir el protagonismo del ciudadano. La ayuda internacional es un acompañamiento, la obra es nuestra. Por eso insistimos: las primeras 100 horas y los primeros 100 días serán decisivos, pero lo serán en la medida en que la sociedad civil esté preparada, organizada y unida.
No desmayemos. Mantengamos la confianza en el liderazgo legítimo. Preservemos la seguridad de los venezolanos. Exijamos la libertad plena de todos los presos políticos. Y, sobre todo, asumamos que la Venezuela en libertad se construye con trabajo cotidiano, ética pública y coraje cívico.
La hora es exigente. La oportunidad, histórica. Que nadie nos robe el futuro por cansancio. La Patria se levanta cuando sus ciudadanos perseveran.
Rafael Veloz García. Expresidente de la Federación Interamericana de Abogados (FIA); Abogado Constitucionalista; Diputado de la Asamblea Nacional 2015
Por Rafael Veloz García/@Rafaelvelozg
