César Pérez Vivas: Demoler la tiranía - LaPatilla.com

César Pérez Vivas: Demoler la tiranía

Para lograr la libertad, la paz, la justicia, el bienestar y el desarrollo de nuestra amada Venezuela, es fundamental demoler la tiranía que nos ha subyugado en este siglo. En esta dirección, resulta oportuno recordar el pensamiento del líder que reconstruyó a Alemania luego del holocausto que significaron la tiranía hitleriana y la Segunda Guerra Mundial:

“La paz y la libertad son fundamentos de toda existencia digna. Sin paz ni libertad no existe ningún progreso en los pueblos… Pero la paz sin libertad no es paz…”





(Konrad Adenauer)

El Socialismo del Siglo XXI terminó siendo una atroz dictadura que nos privó de todas las libertades, hasta el punto de declarar la guerra a la ciudadanía venezolana y promover una absurda confrontación con la primera potencia del mundo, lo que ha derivado en la captura del dictador y su esposa para ser sometidos a juicio en una corte de Nueva York.

Para tener libertad y paz, como lo dejó sentado Adenauer, es indispensable demoler totalmente la dictadura. La camarilla criminal que instauró el régimen de terror hoy existente sufrió, ciertamente, un golpe de dimensiones colosales con la extracción de Maduro; sin embargo, sus estructuras de poder siguen en pie, buscando ganar tiempo y rearticularse para superar semejante impacto. Creen que es posible continuar la usurpación y la hegemonía del poder sin el heredero de Chávez. Piensan que, así como la “revolución” siguió sin Chávez, pueden continuar sin Maduro. Aún no terminan de comprender que la gobernabilidad de nuestro país no es posible en medio de un bloqueo como el existente en el Caribe y bajo un aislamiento internacional de la magnitud que hoy enfrentan.

Esta vez la situación es totalmente distinta a la vivida tras la muerte de Chávez. La llamada “revolución bolivariana” no tiene forma de sobrevivir. Ahora están frente a un país que los repudia por el daño infligido, pero, fundamentalmente, porque existe una firme decisión del gobierno de los Estados Unidos de desmantelar la camarilla roja, definida por ellos mismos como el Cartel de los Soles.

Los venezolanos, con todo derecho, han expresado su deseo de que esa dictadura hubiese sido derrumbada de forma total en la misma madrugada del 3 de enero pasado. Sin embargo, la realidad política y jurídica que sirve de base a la actuación del presidente de los Estados Unidos, así como la naturaleza criminal de la camarilla usurpadora, aconsejaron que inicialmente recibieran un mensaje contundente sobre su debilidad estructural para enfrentar un poder de la magnitud del que hoy se encuentra desplegado frente a nuestras costas. 

Privó en la operación de extracción de Maduro el criterio de evitar daños mayores a nuestra población y, al mismo tiempo, enviar una advertencia clara al resto de la cúpula usurpadora sobre la determinación de desmontar ese aparato criminal denominado “gobierno revolucionario”.

Que se mantenga en pie la camarilla, bajo la encargaduría de Delcy Rodríguez y con los demás personajes al frente de los poderes usurpados, ha provocado desasosiego en amplios sectores de nuestra sociedad. Hemos expresado en distintos escenarios que este sistema se desmontará de forma progresiva. Dicho en lenguaje coloquial, he afirmado que a este “elefante debemos comérnoslo por pedacitos”.

Cada proceso de transición de una dictadura a la democracia tiene sus propias particularidades y características. No se pasa de una tiranía a la democracia de forma directa y automática. No existe un protocolo que se aplique por igual a todos los pueblos en todas las épocas. De modo que no contamos, en nuestro caso, con una solución “llave en mano” o un “fast track” que nos conduzca de manera inmediata a la democracia.

Bien sabemos que la democracia, como forma de vida y de gobierno, se construye progresivamente. Está claro, entonces, que nuestro camino hacia la democracia exige la demolición de la dictadura, proceso que pasa por la restitución de nuestros derechos humanos hoy confiscados. Su primera prueba de fuego es la liberación total de los presos políticos y el cierre de los procesos judiciales contra más de cincuenta mil compatriotas judicializados y perseguidos por razones políticas. Es igualmente imprescindible garantizar a los dirigentes políticos en el exilio el pleno respeto a su libertad y al ejercicio de la actividad política en todo el territorio nacional, para que podamos regresar a nuestros hogares.

Por otra parte, es fundamental levantar la censura de prensa; eliminar la prohibición de las manifestaciones pacíficas; restituir el derecho de reunión; y desaplicar o derogar de manera definitiva la fascista Ley del Odio, así como todas las normas dictadas para criminalizar la actuación política de la oposición.

En paralelo, resulta indispensable desarmar a los colectivos y grupos armados paramilitares, y recuperar las armas entregadas en los estados fronterizos al ELN, guerrilla colombiana instalada en nuestro territorio nacional, que opera como fuerza paramilitar para “defender la revolución”.

Otra tarea clave para demoler la dictadura es la expulsión definitiva del ejército cubano de ocupación, así como los núcleos terroristas del islamismo radical —como ISIS y Hezbolá— instalados en la península de Paraguaná y en la isla de Margarita. El tutelaje militar cubano es, sin lugar a dudas, el más perverso, por sus métodos de espionaje y por las prácticas de tortura aplicadas a nuestros soldados y ciudadanos, que lamentablemente han sido enseñadas a compatriotas nuestros, a quienes jamás se les había instruido en semejante barbarie.

Como puede apreciarse, la dimensión de la estructura autoritaria es enorme. Chávez y Maduro dedicaron sus mayores esfuerzos a instaurar un sistema de dominación social, no a establecer un gobierno orientado al bien común ni al desarrollo integral de nuestro país. Su prioridad fue crear un entramado de terror, espionaje y control de la sociedad civil, recurriendo para ello a la militarización de toda la administración pública y de la vida nacional.

Cambiarón completamente la doctrina de seguridad y defensa. Se declararon enemigos de los Estados Unidos de América y del mundo occidental. Su anacrónico discurso del “antiimperialismo” los llevó a entregarse a los brazos de Rusia, China e Irán. Estos países se aprovecharon del boom petrolero de comienzos de siglo, vendiéndoles a estos ignorantes personajes, armamento y sistemas de comunicación por más de cien mil millones de dólares. Toda esa chatarra y toda esa retórica quedaron demolidas de forma total, en la madrugada del pasado 3 de enero, cuando se demostró claramente su obsolescencia e inutilidad.

Solo una vez demolida la tiranía podremos comenzar a hablar, con seriedad, de una transición a la democracia. Construir la democracia exige un gran acuerdo nacional. No será tarea de una persona, de una región, ni de un partido político en solitario. Debe ser el esfuerzo colectivo de una sociedad que necesita un nuevo pacto social para relanzar a Venezuela.

Tenemos una oportunidad única para construir una democracia superior. La experiencia de la República civil del siglo XX y la tragedia vivida en lo que va del presente siglo,   constituyen un acervo invaluable sobre el cual debemos reconstruir la convivencia civilizada, reunificar a la familia venezolana y alcanzar una paz duradera en pleno ejercicio de la libertad.

Lunes, 12 de enero de 2025