El ingenio de una venezolana al hacer de una receta tradicional el postre más viral de Miami

El ingenio de una venezolana al hacer de una receta tradicional el postre más viral de Miami

@pavlovabyfm

 

Dicen que de los momentos amargos de la vida surgen las ideas más brillantes y Flor Misita lo sabe muy bien. La historia detrás de Pavlova by FM va más allá de elaborar y fusionar recetas, es el reflejo de una ingeniosa maracucha que transformó una etapa difícil en un proyecto que hoy inspira y también endulza a cientos de paladares en Miami.

Luego de numerosos intentos en la cocina de su apartamento y perseverancia infinita, nació una línea de postres tan irresistibles que hasta la actriz colombiana Sofía Vergara se rindió al sabor de la Cakelova, su creación estrella. Te contamos cómo esta joven migrante trabajó para cumplir su sueño y hacer de su pastelería artesanal un fenómeno viral en la ciudad.





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El camino de Flor como emprendedora inició en el estado Zulia, en Maracaibo, donde su creatividad ya daba señales mucho antes de encender un horno profesional. En su tierra natal, combinaba los libros de leyes con el diseño de moda. ”Antes de emigrar tenía una tienda virtual donde vendía jeans y shorts intervenidos por mí. Tiare, se llama. Aún la tengo. Siempre me ha apasionado todo lo relacionado con la moda. Además, estudié Comunicación Social y Derecho, dos carreras que hoy, sin darme cuenta, también influyen mucho en cómo comunico y construyo mi marca», dijo a La Patilla.

Sin embargo, la realidad del migrante suele imponer pausas obligatorias y reinicios forzados que ponen a prueba el temple de cualquiera. Llegó a Miami en 2019 y eso marcó el inicio de un momento duro, donde la inactividad laboral chocó de frente con la necesidad de producir. “Fue una etapa muy difícil porque estaba embarazada y no podía trabajar. Aun así, acompañaba a mi esposo mientras hacía Uber, ayudándolo a entregar paquetes y también porque me daba miedo quedarme sola en casa. Desde los siete meses empecé con contracciones, así que fue un periodo bastante duro física y emocionalmente», recordó Flor.

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La verdadera transformación ocurrió cuando el mundo se detuvo en 2020. Con la pandemia causando estragos y una tormenta emocional tras el nacimiento de su hijo, Flor buscó refugio en una pasión que la acompaña desde niña. «Siempre me ha gustado hacer dulces desde pequeña, pero fue realmente en Estados Unidos cuando empecé a hacerlo con más constancia. Estaba en un momento muy vulnerable, no tenía trabajo, acababa de tener a mi bebé y me sentía emocionalmente muy mal. La pastelería fue lo que me ayudó a salir de ese hueco y a reencontrarme conmigo misma».

La pastelería como refugio

Los primeros pasos de Pavlova by FM estuvieron lejos de la perfección técnica que hoy exhibe en sus vitrinas digitales. Fueron intentos honestos, llenos de sabor pero carentes de estética. “Empecé a hacer pavlovas en 2020. Al principio me quedaban horribles, pero eran muy ricas”, dijo entre risas. “Mis amigos y familiares me insistían en que las vendiera. Abrí un Instagram sin saber absolutamente nada. Mi primer pedido nunca lo voy a olvidar, no quedó muy lindo, pero yo estaba tan feliz que grabé todo el proceso hasta la entrega. Ese video nunca lo publiqué, pero lo llevo conmigo».

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No obstante, el camino hacia la visibilidad no fue sencillo ni inmediato; requirió que Flor se expusiera y contara su verdad ante una cámara. Pasar del anonimato a ser la cara visible de su marca le costó lágrimas y enfrentarse a rechazos, pero fue necesario para conectar con la gente. Así, esta valiente maracucha aprovechó su vulnerabilidad para convertirla en su mejor estrategia de marketing: «Fue muy complejo. Realmente empecé a darme a conocer más entre 2024 y 2025, después de pasar por muchos rechazos y malos tratos. Un día decidí hacer un video contando mi historia y se hizo viral. Ese video cambió todo, más personas me conocieron y empecé a perder el miedo de grabarme y mostrarme. No fue nada fácil, pero fue liberador».

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Más allá de eso, para destacar en un mercado tan saturado como el de Miami, no bastaba con hacer un buen dulce; había que inventar algo nuevo. Flor decidió entonces blindar su creatividad aplicando sus conocimientos de abogada para proteger una fusión que rompió esquemas. Así nació su producto estrella, una invención que se volvió en un gran orgullo para ella.

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«En Pavlova by FM ofrecemos una propuesta variada y personalizada. Está la pavlova clásica, elaborada con merengue de almendras crujiente, dulce de leche, crema y fresas frescas. Y también está mi creación insignia, la Cakelova™, una fusión original que incorpora un bizcocho de tres leches dentro de una pavlova y que cuenta con distintas versiones, como la de pistacho. Esta creación es de mi autoría y está registrada a mi nombre ante la oficina de marcas de Estados Unidos (USPTO), marcando un hito importante dentro de mi trayectoria como emprendedora gastronómica», expresó.

Una propuesta única

La idea de la Cakelova surgió de la necesidad de complacer a una clienta y de unir dos mundos en un solo bocado. «Nació de la idea de fusionar mis dos postres favoritos y también los de mi hijo. Un día, preparando pedidos, una clienta quería algo más completo y le ofrecí una pavlova que ya había hecho antes para mi familia. Me dijo que sí (…) y de ahí vino todo. A todo el mundo le encantó».

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Pero su ingenio no se detuvo ahí. Flor siguió experimentando para traer los sabores de su infancia venezolana a la mesa estadounidense, creando híbridos que despiertan la nostalgia. Su más reciente lanzamiento busca justamente eso, sorprender con lo nuestro. «Presenté la Kisslova, mi creación más reciente, una fusión entre un beso de ángel y una pavlova que combina quesillo y bizcocho de tres leches en su interior, logrando una experiencia de sabores única y sorprendente».

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El trabajo duro rindió un fruto inesperado cuando el teléfono sonó con un pedido que parecía una broma, pero resultó ser la oportunidad de su vida. El equipo de Sofía Vergara tocó a su puerta, lo que validó años de esfuerzo solitario entre moldes y batidoras. «Fue una locura. Al principio pensé que era mentira. No lo creí hasta una semana antes del evento, cuando me volvieron a escribir desde cuentas oficiales y ya no había duda. Todo fue muy profesional y tranquilo. La emoción que sentí al ver hasta dónde había llegado mi Cakelova fue indescriptible, y además era un evento de mujeres latinas, lo que me llenó aún más de orgullo».

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El efecto de que una celebridad probara y admirara su producto fue inmediato y demostró el poder que tiene una buena recomendación en la era digital. Así, la curiosidad del público se disparó, lo que generó una ola de pedidos que puso a prueba su capacidad de producción. «Después de ese video, al día siguiente tenía más de 40 personas pidiendo la misma Cakelova que comió Sofía Vergara. Ella incluso empezó a seguir nuestra cuenta».

El futuro ya está en el horno

A pesar del crecimiento de la marca, la realidad del día a día sigue siendo la de una artesana que cuida cada detalle personalmente. Flor maneja el negocio con sus propias manos, aunque reconoce que en temporadas altas el volumen de trabajo la obliga a buscar apoyo. “Normalmente pueden ser entre 50 y 60 Cakelovas a la semana, aunque en fechas más tranquilas pueden ser unas 20. Todo depende de la temporada».

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Aunque cuenta con el respaldo puntual de su esposo, la carga mental y física recae sobre sus hombros. «Trabajo sola. A veces mi esposo me ayuda con cosas puntuales como buscar fresas o bajar pedidos. En diciembre, durante los días más fuertes, tuve una persona que me ayudaba a armar cajas, bajar pedidos y con la casa. Fue una bendición y una señal clara de que necesitaba apoyo».

Pese al cansancio físico, emprender en un entorno competitivo implica desarrollar destrezas increíbles ante las dificultades del gremio. No todo es color de rosa en el mundo de la repostería, y Flor tuvo que aprender a lidiar con factores externos desagradables, en sus palabras “la malicia de algunas personas dentro del mismo rubro» ha sido lo más retador.

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Y sin temor a las dificultades, la visión de la criolla está puesta en el futuro. Su proyecto incluye crecer, explorar y compartir lo que aprendió con otros que también sueñan con emprender. «Lo imagino en grande. Mi pastelería soñada, ¡que ya está diseñada! Expandirme a otros estados, viajar y dar cursos presenciales, que me los piden mucho. Y, lo más importante para mí, lograr tener una pastelería en mi país, junto a mi familia».

Al final del día, lo que queda es la satisfacción de haber construido algo propio tras superar las barreras del idioma y la cultura. Flor se siente plena con lo alcanzado, tanto como empresaria, como mujer migrante que supo reinventarse. «Es un logro y un orgullo enorme. Aquí, como en cualquier parte del mundo, si no luchas y no lo sigues intentando, no logras nada. Esto aplica para todo en la vida. Hay que trabajar por lo que uno quiere. Hace poco gané un premio y me sentí profundamente orgullosa de ser mujer, mamá y emprendedora».