
Una mujer recordó el horrible momento en que recibió una llamada telefónica de la policía diciéndole que habían encontrado la cabeza de su padre en un almacén junto con más de 100 cuerpos, después de pensar que la había donado a la ciencia.
Por Mirror
El padre de Farrah Fasold, Harrold Dillard, falleció de cáncer a los 56 años en 2009. En su último mes en un hospicio, una empresa llamada BioCare se acercó a él y le preguntó si consideraría donar sus restos a médicos para poder practicar cirugías de reemplazo de rodilla.
«Se le iluminaron los ojos», relató su hija Farrah. «Lo consideró una forma de aliviar la carga de su familia. Donar su cuerpo fue lo último que pudo hacer de forma desinteresada». Se le informó a la familia que la empresa incineraría las partes no utilizadas de su cuerpo y devolvería sus cenizas sin costo alguno.
Murió en Nochebuena en 2009, y pocas horas después, su cuerpo fue recogido del hospicio. Unos meses después, Farrah, de Estados Unidos, recibió conmocionada una llamada telefónica que le anunciaba que la policía había encontrado su cabeza.
Dijo: «Estaba histérica. Nunca nos habríamos apuntado si hubieran mencionado algo sobre vender partes del cuerpo; de ninguna manera. Eso no es lo que mi padre quería en absoluto».
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