
Ella creía que la clave para ser una buena reclutadora no era solo vender el ejército y sus beneficios, sino venderse a sí misma. La sargento de primera clase Rosa Cortez quería que los posibles reclutas se fijaran en las fotos de sus hijos sonrientes, su diploma universitario y los premios que había ganado a lo largo de sus casi 20 años en la Guardia Nacional de Oregón.
Su objetivo era “irradiar positividad”, dijo. “La gente lo verá y querrá alinearse contigo”.
Sin embargo, últimamente, ella, junto con otros cientos de reclutadores de todo el país, venía ofreciendo otra cosa: protección frente al mismo gobierno al que servía.
El segundo mandato del presidente Donald Trump ha estado marcado por una amplia ofensiva contra los migrantes indocumentados que ha desatado oleadas de miedo en lugares con grandes poblaciones hispanas. En muchas de estas zonas, un programa gubernamental poco conocido llamado Parole in Place se ha convertido en un refugio de última instancia y en una poderosa herramienta de reclutamiento.
Solo los ciudadanos estadounidenses y los residentes permanentes pueden alistarse en el ejército. El programa Parole in Place, lanzado en 2013, ofrece a los padres y cónyuges indocumentados de los miembros del servicio protección frente a la deportación, y una vía acelerada hacia la residencia permanente.
A principios de diciembre, la sargento Cortez estaba trabajando con seis posibles reclutas que querían utilizar el programa. Uno de ellos era Juan, un joven de 23 años con el cabello negro y desordenado y un arete de oro. (Juan pidió que se omitiera su apellido para proteger a sus familiares indocumentados).
Juan había visto un video que Cortez publicó en las redes sociales y se puso en contacto con ella para alistarse. “Me gustaría que me diera más información antes de tomar una decisión”, escribió en un mensaje de texto a finales de septiembre.
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