![]()
Hay demasiados patriotas en Venezuela. Patriotas ideológicos cuyo sentido del sentimiento patriótico no está vinculado a la situación de «la patria» y su significado ético político, como tampoco a una comparación que exprese un declive o disminución de alguna cualidad o condición del estatus previa al 3E, sino dirigido al agente, actor o protagonista -único- del intempestivo, violento y exitoso cambio político en ciernes: los Estados Unidos de América.
Cambio anhelado este del 3E, solicitado y sentimentalmente apoyado por la inmensa mayoría de los venezolanos, reclamado en sordina y abiertamente en las rr.ss y aplaudido anticipadamente desde el día en que comenzó a acercarse al Caribe sur la Armada de los EE.UU.; cabe resaltar que el viejo batiburrillo, la manoseada cantaleta, de que nuestro fracaso en lograr una república soberana es culpa del colonialismo norteamericano, se extremó durante los 26 años de ignominia dictatorial -año a año, cual más cruel- resumido en el grito demagógico del capo mayor hoy reo en Nueva York ¡Vienen por nuestro petróleo! Grito estertoreo nunca antes tan bien significado: «su petróleo», el de la mafia criminal beneficiada; engendros legítimos del saqueo al país, que aun patalean delirantes creyendo que pueden revivir como poder luego de la decapitación del aquelarre entronizado.
El «patriotismo ideológico» -el único y más exitoso resultado del castro comunismo y sus excrecencias- evita toda referencia a los problemas de la economía, a la intencional liquidación de la industria petrolera, la ruina de la industria eléctrica, el abandono de la capacidades extractivas y distributivas del estado, la demolición de la capacidad simbólica de la nación en su conjunto para exaltar el personalismo y vanidad delirante centrado en el golpista mayor mutado a un aberrante fetichismo. La elección del «madurismo» como fase superior del chavismo -ideología de reemplazo de la doctrina democrática- que impuso la hegemonía comunicacional, la exaltación estaliniana de «superbigote» (patética equivalencia del sanguinario dictador soviético), la oficialización de la mentira y la sustitución de la Constitución por el mandato por decretos cuya última evacuación es la implantación del «estado de excepción», truculento edicto neroneano para justificar el colonialismo interno impuesto por la fascista alianza cívico militar policíaca.
El resultado perverso de tal proyecto ideológico político es la relativización de la democracia como sistema de libertades y la disonancia cognitiva como proceso de desmigajamiento de la capacidad del ciudadano de diferenciar la verdad de la mentira, lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, la lealtad a la patria de la sumisión al jefe o comisario político. La sociedad venezolana ha sido profundamente unoculada por tales desviaciones: se trata de una conducta aprendida cuyo ámbito traspasa el mero chavismo militante contaminando a la sociedad, inerme y ayuna de liderazgo guía, donde solo alumbra el faro poderoso de María Corina Machado y la resistencia es solo un gesto fementido de reputaciones partidistas desvaidas.
Ahora han surgido los patriotas ideológicos, especie de brigadistas de la dignidad pero de este lado. Indignados que hablan de protectorado y han «comprado» inconscientemente la narrativa madurista del coloniaje, ofendiéndose a sí mismos, sin reparar en la tragedia de donde venimos y que aun sufrimos. Patriotas celosos de «lo nuestro» como aquellos de los años 40 del siglo decimonónico que puñalearon a Santos Michelena, el artífice de la delimitación de fronteras con la naciente Colombia más justo y realista, pero los cosiateros querían más argumentando un estúpido maximalismo nacionalista que no honramos y que nos ha infectado por 200 años y regresa ahora.
Patriotas de pacotilla que no le han preguntado a «los de abajo» qué piensan de la patria porque no cenaron y cuando amanece nada tienen para desayunar.
¿Tienen acaso conciencia de la dimensión de lo ocurrido? ¿Saben de la imposibilidad práctica de abatir el régimen dictatorial sin apoyo externo, lograr el desmantelamiento de la dictadura, estabilizar es sistema político desalineado y emprender la real transición política? ¿Por qué en lugar de enarbolar la versión «patriótica» del chavomadurismo no asumimos la verdad de acuerdo a la cual el evento del 3E es una expresión práctica de la liberación de Venezuela de la dictadura depredadora? Proceso del cual aun debemos esperar de sus ejecutores una acción más decidida para estabilizar el proceso de cambio que incluya no solo responsabilidad de proteger (R2P)sino también un plan de apoyo -similar al Marshall- para levantar nuestra industria petrolera, financiar la estabilidad financiero-económica y realinear el sistema político hacia la democracia.
Debemos desechar el patético camino del facilismo y la victimización propia. La razón llama a acompañar con decidido coraje y lealtad patriótica a María Corina Machado, con la misma fe y confianza que la acompañó mayoritariamente el pueblo venezolano él 22 de Octubre y el 28 de Julio.
No podemos escoger entre la emocionalidad evasiva del patriotismo ideológico y la templanza esforzada de asumir con nuestro aliado principal, los Estados Unidos de América, la reconstrucción de la nación. Con determinación debemos encarar nuestra deuda con Venezuela, pues tal como lo ha dicho MCM, la deuda con nuestros aliados la pagaremos.
Recordemos ahora la frase del malogrado presidente norteamericano John Kennedy: pregúntate qué haces tu por tu país.
