
La frase “No tengan miedo” proviene del Evangelio y es repetida por Jesús en diferentes pasajes. San Juan Pablo II, quien visitó a Venezuela en dos ocasiones, nos la dejó sembrada en el corazón y en la mente. Invitaba a los cristianos a vivir audazmente su fe como un acto total de confianza en Dios, para enfrentar los desafíos del mundo. El miedo paraliza porque viene de la incertidumbre y del veneno del mal. Somos superiores a los peligros temporales.
El amanecer disipa la noche y nos permite ver la escasa claridad del plan en ejecución en cuanto al desmontaje de la satrapía que aún permanece en el poder.
Tenemos 27 años padeciendo esta ignominia. Sabemos mucho de sus violaciones sistemáticas de los derechos humanos y de actuaciones ilícitas que desembocaron en los mayores latrocinios de la historia. Somos también testigos de que ha sido descabezada y de que lo que viene es el desmoronamiento del narcorégimen. Sin embargo, hay que hacer las cosas bien y en breve tiempo.
El ejercicio de la verdad es un antídoto contra el miedo. Volver a los principios, a la raíz: eso es ser radical. Buscar la grandeza, ejercitando los valores de la libertad, nos conducirá a edificar una república con bases sólidas. El coraje que emana de la seguridad, la confianza y la libertad interior arraiga la vida en la verdad. Somos capaces de dirigir el destino nacional.
La ley de los números indica que somos más y que, además, contamos con el apoyo de la primera potencia.
El miedo está en el lugar equivocado. La arquitecta del terror a cargo del país sigue instrucciones con lentitud. Hay demoras evidentes en la liberación de los presos políticos y todos salen con una mordaza en los labios.
Hay un límite claro: la fecha cercana a las elecciones de medio término en noviembre. Si algo hemos aprendido en 27 años es que la única cosa que saben hacer los inveterados criminales que destruyeron Venezuela es ganar tiempo. Sí, ganar tiempo. Y esto solo los favorece a ellos para recomponerse, aún estando derrotados. Los poderes siguen en manos de la mafia descabezada.
La verdad sugiere un norte: acatar lo expresado claramente por la soberanía popular y dar los pasos necesarios, con prontitud, para concretar la restauración de la democracia mediante la reinstitucionalización de los poderes.
El recordado estadista Gonzalo Barrios tenía ideas muy claras, como esta: “La democracia no se impone con discursos encendidos, sino con instituciones firmes y acuerdos duraderos”.
¡Libertad para los presos políticos!
