Máximo Mendoza, el venezolano de 78 años que conquista Miami con pies de guayaba y chocolate

Máximo Mendoza, el venezolano de 78 años que conquista Miami con pies de guayaba y chocolate

Foto: Equipo de marketing Max & Crust

 

Máximo Mendoza siempre entendió el poder de un plano bien trazado. Sin embargo, a los 78 años el caraqueño decidió rediseñar su vida con una estructura diferente: el arte de hacer exquisitos pies de guayaba y chocolate. Con la precisión de su antigua profesión y la pasión del repostero que es hoy, construyó una base sólida para su emprendimiento en Miami.

Lo que ocurre en su cocina desde las seis de la mañana no es un pasatiempo, es un proyecto que nació con el deseo de comenzar de nuevo y salir adelante. ¿Cómo un ingeniero civil pasó a ser el creador de estos postres tan codiciados en la ciudad? La respuesta tiene mucho sabor, una pizca de disciplina y un ingrediente secreto que definitivamente no sale en los grandes recetarios. 





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Antes de emigrar a tierras norteamericanas, Max empleó gran parte de su trayectoria profesional a la ingeniería civil en Venezuela. “Me dedicaba primero a la construcción, pero en el 2000 dejé la construcción, y me dediqué a la finca hasta el 2018, que me vine para acá, para Estados Unidos», contó a La Patilla.  

Al llegar a Miami, la realidad económica le presentó un desafío inmediato tras agotar sus ahorros iniciales. La búsqueda de empleo tradicional resultó infructuosa, lo que dio pie a una idea familiar que transformó su panorama. “Mi hija me dijo: ‘papá, ¿por qué no te pones a hacer pies? Te doy la receta mía, que la tengo hace 31 años’», relató el criollo sobre el instante que encendió la chispa de Max & Crust.

La estructura dulce del negocio

El debut ocurrió en marzo del año pasado en un mercado local de Key Biscayne. Allí, Mendoza validó la calidad del producto. Sin embargo, el verdadero salto ocurrió gracias al poder de las redes sociales y la colaboración estratégica de su nieta. «María Julia se me acercó y me dijo: ‘mira, tú tienes que hacer esto más viral’. Entonces, nos ayudó en esto, y bueno, hasta ahora nos ha ido bastante bien», afirmó el emprendedor.

Foto: Equipo de marketing Max & Crust

 

Detrás de cada postre que sale del horno existe una estructura organizativa que funciona con la disciplina de una pequeña empresa, donde cada miembro de la familia cumple un rol específico para evitar que el caos domine la producción. “Los pies los hago yo. Somos un equipo. María Julia nos ayuda a hacernos viral, a que mucha gente nos vea y nos pida. Ella maneja las redes. Hay otras dos personas que manejan y contestan los mensajes que nos envían, y hay otra que recibe los pedidos y nos manda a nosotros un excel organizado, y con eso me pongo a hacer los pies».

Foto: Equipo de marketing Max & Crust

 

La exigencia física del emprendimiento no hace concesiones con la edad, especialmente durante las temporadas altas donde la demanda obliga a extender las jornadas hasta la madrugada, lo que demuestra una capacidad de trabajo admirable. «Es bastante laborioso. Diciembre fue muy bueno, pero trabajamos desde las cinco de la mañana hasta las dos de la mañana. Hicimos muchísimos pies. Era la temporada y bueno había que estar dispuesto. Y ahorita en enero ha continuado, no con la abundancia de diciembre, pero sí suficientes pedidos como para trabajar bastante», dijo Max.

Foto: Equipo de marketing Max & Crust

 

La elaboración de estas recetas conlleva un protocolo técnico riguroso, pues el manejo de ingredientes como el chocolate requiere paciencia y tiempos de espera exactos que no pueden acelerarse sin comprometer el resultado final. “Empezamos normalmente a las seis, porque es que se demora, no es fácil. O sea, puedo hacer una serie de 15, 20, 30 pies, pero tengo que esperar un tiempo determinado a que el chocolate se espese para poner las trenzas porque si no se hunde y después se tarda más o menos 30 minutos en el horno».

Foto: Equipo de marketing Max & Crust

 

La preferencia de los clientes por un sabor en particular se divide casi a partes iguales entre las dos opciones estrella, con una ligera inclinación hacia el cacao. «Un 60 % de chocolate y un 40 % de guayaba», detalló el caraqueño. Pero más allá de las ventas, la verdadera satisfacción proviene de la retroalimentación de venezolanos y viejos amigos que celebran su logro. «Los mensajes que nos mandan son muy agradables, muy profundos, y nos entusiasma oírlos. Eso nos impulsa a seguir haciendo lo que estamos haciendo».

“ Tenía tiempo sin ver a muchos amigos y me han mandado mensajes muy agradables diciéndome: ‘mira, sí, continúa, a pesar de la edad, estás todavía reinventándote’. Eso me entusiasma. Y muchos mensajes de que los pies son riquísimos, que les encantó, y eso también me gusta porque digo: ‘oye, estoy enviando algo que hago feliz a las personas en su hogar y lo comparten en familia’”, agregó.

Sin fecha de caducidad

Para Máximo, este proyecto trascendió lo económico para convertirse en una fuente de juventud y propósito. La edad, lejos de ser un obstáculo, se transformó en un ejemplo de resiliencia pura. «Me siento vivo y útil. No siento que es el final de mi vida. Siento que estoy empezando una nueva vida», confesó con emoción y una gran sonrisa.

Foto: Equipo de marketing Max & Crust

 

Su visión apunta hacia la expansión física y geográfica de la marca. El sueño inmediato consiste en salir de la cocina doméstica para establecer un punto de venta propio que permita optimizar la producción. «El reto más grande es abrir un local, poder abrir un local en algún sitio y producirlos ahí», señaló Max, quien también visualiza sus productos en ciudades como Orlando y Tallahassee.

El ingeniero convertido en repostero envió un mensaje contundente a quienes ven los años como una limitante para emprender nuevos caminos. Su filosofía se basa en soltar el lastre del pasado y enfocarse en las oportunidades del presente con determinación. «Olvidarse de lo que pasó, lo que pasó ya pasó y lo que viene es lo que vale (…) La edad no importa. Lo que importa es sentirse vivo y útil».

Foto: Equipo de marketing Max & Crust

 

La diáspora impuso kilómetros de por medio, una realidad que toca la fibra de cualquier venezolano, pero que no logra apagar la gratitud de Mendoza por lo construido. Aunque el anhelo de tener a su familia entera persiste en su corazón, el ingeniero prefiere enfocar su energía en valorar el presente y el cariño de quienes lo rodean. 

Foto: Equipo de marketing Max & Crust

 

«Pensaba que en estos momentos tendría a todos mis hijos y a toda mi familia juntos y no ha podido ser. Tengo hijos en otras partes del mundo, desde Chile hasta Europa. Tenemos cuatro hijos y todos están regados. Gracias a Dios, por lo menos vivimos con una y tenemos dos nietas aquí bellísimas que siempre están al lado de nosotros», expresó Max.

Para Mendoza, el futuro se construye a pulso, sin importar cuántas veces toque empezar de cero. Al definir la fórmula que lo mantiene vigente, productivo y con la mirada puesta en el horizonte, su respuesta es una lección de vida para cualquier generación. «Trabajar y trabajar duro. No pensar que las cosas te caen del cielo, tú tienes que labrarlo».