
Venezuela es un país productor de petróleo desde 111 años. En 1970 alcanzó una producción de 3,7 millones de barriles diarios y, décadas después, los planes estratégicos de Petróleos de Venezuela (PDVSA) proyectaban para 2025 una producción cercana a los 5,5 millones de barriles diarios.
Sin embargo, los cambios de políticas públicas y decisiones adoptadas en los años siguientes, no solo obstaculizaron ese crecimiento, sino que condujeron a una contracción severa de la industria Petrolera. La producción cayó progresivamente hasta alcanzar niveles cercanos a los 400.000 barriles diarios, uno de los puntos más bajos de las últimas décadas de historia petrolera nacional.
Esta contracción tuvo consecuencias estructurales, adicionalmente los yacimientos de crudos livianos, sometidos durante un siglo a intensa explotación, muestran signos de agotamiento natural.
Al mismo tiempo, las mayores reservas del país —las más grandes del mundo certificadas— corresponden a crudos pesados y extrapesados, cuya producción exige la mezcla con crudos livianos o diluyentes para su transporte y conversión en crudos medianos o mejorados aptos para la refinación y/o exportación.
Conviene recordar que el negocio petrolero es altamente intensivo en capital y relativamente poco demandante de mano de obra. Las inversiones requeridas, no se miden en millones, sino en cientos o miles de millones de dólares, con horizontes de recuperación de mediano y largo plazo.
Venezuela desaprovechó, para ahorrar y diversificar la economía, el ciclo de altos precios del petróleo de 2011, cuando el barril alcanzó niveles de hasta 127 dólares.
Entre 2011 y 2019, la falta de inversión sostenida se tradujo en una caída de la producción desde aproximadamente 2 millones de barriles diarios hasta unos 850.000.
Hoy, con anuncio de nuevas inversiones internacional, se abre así, una nueva oportunidad de aumentar producción e ingresos progresivos en la misma medida, y en medio plazo, es posible incrementar la producción a niveles significativamente superiores, aunque siempre condicionados por el volumen de inversión, el entorno operativo y, por supuesto, la evolución de los precios internacionales.
La experiencia vivida de escasez de ingresos y de crecientes necesidades sociales no satisfechas debería haber dejado una lección clara.
El país, y en particular su liderazgo político, está llamado a abandonar discursos nacionalistas estériles, improductivos y anacrónicos, y a concentrarse en crear condiciones reales de confianza y permanencia para la inversión.
Aprobar leyes con garantías jurídicas, estabilidad contractual y reglas claras, no implica renunciar a la soberanía, sino ejercerla con inteligencia.
Dar la bienvenida a la inversión internacional permitirá no solo el ingreso de capital fresco, sino también el acceso a tecnologías de punta capaces de acelerar la recuperación y expansión de la producción petrolera, condición indispensable para la recuperación económica de Venezuela.
Sin dejar de lado, en su desarrollo a la participación nacional
*Fue Presidente de la Cámara Petrolera, Consecomercio y Fedecamaras
@eromeronava
