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El País: La intervención militar de EEUU impulsa las previsiones económicas de Venezuela

Mural con la bandera de Venezuela, en Caracas, el 13 de enero.
Gaby Oraa (REUTERS)

 

El acuerdo energético posterior al arresto de Nicolás Maduro, gestado entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, le ha cambiado al rostro al año económico venezolano en un parpadeo. Apenas en diciembre, el país tenía ante sí un 2026 con perspectivas muy oscuras: sanciones internacionales; una inflación de tres dígitos, camino al descontrol total; un déficit fiscal de nueve puntos del producto interior bruto; una escala salarial miserable, y un mínimo crecimiento económico. Los acuerdos tutelados por Washington tras desalojar a Maduro del poder han liberado de trabas legales a la explotación de los recursos naturales del país, y ahora en algunos círculos financieros hasta se habla de un resurgir económico.

Por Alonso Moleiro / elpais.com





La Administración Trump ha anunciado que tomará unos 50 millones de barriles de petróleo venezolano y lo venderá a precios internacionales, sin los descuentos que ha tenido que afrontar el estado venezolano en estos años por sus ventas trianguladas. Trump ha levantado al veto a las empresas y contratistas internacionales interesadas en explotar el crudo nacional, y se ha mostrado dispuesto a promover nuevas inversiones en los yacimientos locales. Empresas como Chevron y Repsol se preparan para acrecentar su perfil en este nuevo marco. Las medidas también liberan de trabas a la estatal Petróleos de Venezuela.

Delcy Rodríguez anunció que 300 millones de dólares ya han entrado en la economía por concepto de aquellas ventas, y ese dinero ha sido inyectado a la banca nacional. Trump ha anunciado que la Casa Blanca se encargará de supervisar la correcta inversión de los recursos locales. El parlamento venezolano trabaja en modificaciones a la Ley de Hidrocarburos con el objetivo de hablar un idioma más próximo a la inversión privada. El impacto sobre el tipo de cambio ya se ha sentido: el dólar paralelo conoció un claro descenso. Alejandro Grisanti, economista jefe de la firma Ecoanalítica, ha afirmado que la brecha cambiaria podría quedar cerrada en pocas semanas.

“La situación de diciembre era muy comprometida con la presión estadounidense: Venezuela no podía vender petróleo”, recuerda Luis Oliveros, economista y decano de la Universidad Metropolitana. Oliveros pronostica un descenso muy claro de la inflación. “La presión cambiaria debe comenzar a ceder y también viene un alivio fiscal. El problema venezolano de estos años no era de gastos, sino de ingresos: el país perdió las fuentes para financiar el fisco. No llegaremos a superávit fiscal, pero en 2026 ese déficit va a bajar muchísimo”.

En círculos económicos locales ya se habla de un crecimiento de dos dígitos y una producción petrolera que pueda estar llegando a los 1,6 millones de barriles diarios para finales de este año. Tras el desplome casi total de su economía, gestado en el período entre 2014 y 2020 ?que trajo consigo la debacle de PDVSA ?, Venezuela ha perdido 70% del total de su PIB. El país necesitaría crecer con cifras de dos dígitos durante varios años para recuperar el tamaño tradicional de su economía, e invertir muchísimo dinero en la recuperación de su industria petrolera, severamente dañada por la falta de mantenimiento y la corrupción, para regresar a los tres millones de barriles diarios.

Desde 2022 en adelante, Venezuela ha podido reactivar parcialmente su aparato productivo y su economía ha vuelto crecer, aunque todavía a tasas todavía precarias e insuficientes. Las mejoras formales en los ingresos en lo inmediato pueden recuperar un poco los salarios y el empleo, pero habrá que remar mucho para que tengan una expresión social concreta. Hace cuatro años que no se decreta en el país un aumento de salarios.

“No creo que sea sensato estar ofreciendo números netos sobre el crecimiento económico y los niveles de inflación de este año. Es muy temprano para saberlo, porque hay que tomar otras decisiones”, afirma José Manuel Puente, profesor de la Universidad de Oxford y miembro de la Academia Venezolana de Ciencias Económicas. “A mí me preocupa el tutelaje, la falta de autonomía del país frente a los Estados Unidos para procurarse sus ingresos, pero en lo inmediato, claramente las cosas van a mejorar mucho en todos los sentidos”. Puente apunta como una tarea urgente “fortalecer las reservas internacionales del país, que están en unos niveles muy bajos”.

Al mando del ejecutivo chavista, Delcy Rodríguez, la presidenta encargada, hace esfuerzos por disimular el tremendo costo político que implica tener que atenerse a las disposiciones unilaterales de la Casa Blanca sobre los recursos nacionales, después del bombardeo a Caracas del pasado 3 de enero. Por lo pronto, el dinero que entra es una buena nueva también para el chavismo en el poder, deficitario y rodeado como está de cuentas por pagar. Rodríguez, que no para de afirmar que el país es soberano y dueño de sus recursos naturales, ha anunciado que estos ingresos adicionales se utilizarán “para proteger el poder adquisitivo de los trabajadores y estabilizar la economía”. Rodríguez sostiene que la economía venezolana también ha presentado mejoras importantes en otras actividades, como la minería y la manufactura.

“Esta administración de Rodríguez comprende mucho más la economía y los lineamientos del mercado que Maduro. Hay más gente más pragmática y eso debe ayudar”, dice Oliveros. “Va a ser fundamental que la República salga del default de la deuda por falta de pagos. Los tenedores de bonos van a pedirle a la nación atender ese problema, que urgente. Además, es importante poder tener acceso de nuevo al crédito internacional para pensar en una verdadera recuperación”.

Durante el siglo XX, con la llegada del petróleo, Venezuela conoció al menos seis décadas seguidas con altas tasas de crecimiento económico e inflación de un sólo dígito. La bonanza petrolera permitió al país construir una importante infraestructura y consolidar una aceptable red de hospitales y escuelas, con el ingreso per cápita más alto de toda la subregión. Hoy, su población está casi completamente inmersa en la pobreza y los salarios de sus trabajadores son los más bajos de toda América Latina.