Antonio Ledezma: El espejo del 23 de enero - LaPatilla.com

Antonio Ledezma: El espejo del 23 de enero

Por Antonio Ledezma

Hay fechas que no son simples números en un calendario, sino latidos que marcan el ritmo de la historia de una nación. Para nosotros, los venezolanos, el 23 de enero es un espejo infinito. No es una reliquia del pasado para ser observada con nostalgia, sino un cristal transparente en el que debemos mirarnos cada mañana para reconocer nuestro rostro de pueblo libre.
Aquel 23 de enero de 1958 fue el estallido de una luz que se venía gestando en la oscuridad de las mazmorras. Fue un dispositivo de honor activado por una llave maestra: la unión indisoluble entre un pueblo civil sediento de justicia y unos militares constitucionalistas que entendieron que sus uniformes no podían ser el ropaje de un tirano, sino el escudo de la libertad. Ese día, el estruendo de las turbinas de la “Vaca Sagrada” huyendo hacia el olvido no fue solo el fin de una dictadura; fue el nacimiento de un compromiso que hoy, en pleno 2026, estamos llamados a renovar.





Ese espejo nos devuelve hoy imágenes desgarradoras pero heroicas. Al mirar hacia atrás, vemos las sombras de Guasina y Sacupana, esos campos de terror donde la dictadura de Pérez Jiménez mantuvo a centenares de presos políticos en condiciones inhumanas en medio del Delta del Orinoco, expuestos a enfermedades, torturas y muerte bajo el sol implacable y la hostilidad del entorno.

Y tras el cierre de esos centros infernales, la historia da un giro que no podemos soslayar. En diciembre de 1954, cuando el régimen se vio forzado a clausurar Guasina y Sacupana, casi dos centenares de presos políticos fueron trasladados por el río y el vapor Guayana hacia Ciudad Bolívar para ser internados en la Cárcel Modelo de Vista Hermosa. Desde allí, muchos de ellos —considerados peligrosos por el régimen— fueron conducidos a otras prisiones del país, entre ellas la Penitenciaría General en San Juan de los Morros, construida en mi pueblo natal, capital del estado Guárico, que se convirtió en nueva estación del calvario de quienes se atrevían a pensar en libertad.

Recordamos las torturas que cegaron la vida de los mártires de la resistencia tras el derrocamiento de don Rómulo Gallegos. Pero al mirar ese mismo espejo hoy, vemos los rostros de nuestros presos políticos actuales, víctimas de un sistema que, bajo el mando de Chávez, Maduro y ahora con las pretensiones de Delcy Rodríguez, ha intentado perfeccionar la crueldad, reciclando el autoritarismo, para ganar tiempo y perpetuar la agonía del poder.

La historia se repite en sus ecos más profundos. En 1957, la pluma valiente de Monseñor Arias Blanco, a través de su Carta Pastoral, sacudió los cimientos del régimen al denunciar la miseria del pueblo. Hoy, esa voz resuena en el testimonio desgarrador de la hija de Edmundo González Urrutia, quien con valentía relató la extorsión y el asedio contra su familia. Es la misma lucha: la verdad desnuda frente a la bota que intenta aplastarla.

No podemos olvidar las lecciones de la unidad. Las diferencias de ayer solo sirvieron para que la dictadura comprara tiempo a costa de nuestro sufrimiento. El 23 de enero nos enseñó que cuando los demócratas se dispersan, el tirano sonríe. Por eso, la estela imborrable de los estudiantes del 21 de noviembre de 1957 brilla hoy con la misma intensidad en los ojos de nuestros jóvenes de 2026, quienes han librado una lucha titánica en las calles, sin más armas que sus sueños y su determinación. Afortunadamente el pueblo está unido, más que nunca, o como nunca antes. Mas del 90% de los ciudadanos anhelan por ese cambio profundo por el que han venido luchando. Esa esperanza persiste.

Hoy, la ruta es clara. La llave maestra que han forjado María Corina Machado y Edmundo González Urrutia representa esa síntesis de coraje y legitimidad que nos conduce al futuro inmediato. Ya no se trata solo de salir de una oscuridad, sino de diseñar la arquitectura de una luz que no se vuelva a apagar. Los planes están trazados; la voluntad es de acero.

Si algún pacto sagrado debemos sellar los venezolanos en este año 2026, es el de la vigilancia eterna. Debemos cuidar la democracia con la ternura y el celo con que se cuida a una madre, porque ella nos dio el ser como ciudadanos, y con la protección absoluta con que se cuida a una hija, porque ella es nuestro único legado de libertad.

Mirémonos en el espejo del 23 de enero. Allí no solo está lo que fuimos, sino lo que irremediablemente estamos destinados a volver a ser: un pueblo soberano, en una tierra donde la ley sea la única reina y la libertad el aire de cada día.

¡Viva Venezuela Libre!

Antonioledezma.net