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Desde luego que, como se ha ofertado finalmente al principio de este año, y por causas ajenas a la firme voluntad de algunos inescrupulosos para con los trabajadores y el trabajo, procede en estas y cualesquiera otras circunstancias un ajuste del salario mínimo, de los sueldos, de las pensiones y, por supuesto, de toda la protección social de quienes laboramos, estamos jubilados o pensionados en Venezuela.
Aunque esta situación atañe más a la administración pública, tiene directa incidencia en la empresa privada que ha gozado en buena medida los beneficios de la implementación inhumana de la explotación laboral y la esclavitud moderna de todos estos años. Un líder empresarial, por mal ejemplo, representante ante la OIT, para más señas, ha insistido en la eliminación de las Prestaciones Sociales, desconociendo así la legislación laboral en cuanto a intangibilidad y progresividad de los derechos. Éstas, establecidas como están, por el contrario, deben mantenerse y ajustarse, contemplando el daño causado, de modo que cumplan su función protectora. Y si se tocan es solo con el propósito de mejorarlas.
Pero, vayamos al meollo de este asunto, sin más dilaciones ni digresiones: el daño laboral causado todos estos años de penuria continuada debe, en principio, reconocerse en su dramática existencia -no exagero, para nada. Y, luego, debe resarcirse en la medida de lo posible con un propósito muy claro; no es otro que el de valorar el daño y restablecer en alguna medida -porque en toda luce incuantificable, a propósito, e impagable, también a propósito. Luego, aunado a este primer propósito, están los complementos adheridos: pagar la deuda moral para con los trabajadores y recompensar como es debido a quienes nos mantuvimos en estado evidente de sacrificio público, junto a nuestras familias, como sostén de las instituciones públicas -y privadas- todo este larguísimo tiempo de afectación.
Pienso en una ley de resarcimiento del daño laboral -pueden llamarla como quieran, según convenga a los efectos políticos de turno, dentro y fuera del pais, no nos caigamos a pasiones limitadoras, siempre y cuando cumpla estos fines- más allá, mucho más alla, del ajuste del salario, los sueldos y las pensiones, como corresponde, que debe ser inmediato y va tarde. Esa ley deberá estar enfocada en reponer lo más rápidamente posible la calidad de vida sustraída a todos los trabajadores venezolanos. Adelanto que para nada se trata de bonos caza bobos, de esos del llamado Sistema Patria, el que desde ya anuncio que a mi parecer debe ser eliminado en las primeras de cambio. No. Se trata de un desembolso que favorezca al trabajador, a sus familias, y le permita de la forma más inmediata, adquirir o reparar sus bienes y servicios, todos los impedidos desde añeja data revolucionaria: vivienda, vehículo, mobiliario, electrodomésticos, enseres, distracción y un muy largo etcétera de esta inhumana destrucción del derecho laboral, de los derechos fundamentales.
Ahora bien, como ese desembolso podría causar efectos contrarios, como el aumento de la inflación, más aún si pensamos en que irá acompañado de un ajuste de sueldos acorde a la realidad económica, no debe ser resuelto enteramente en una sola emisión que podría resultar más bien perjudicial; puede hacerse trimestralmente a lo largo de, digamos, unos dos, tres o cuatro años, los economistas podrían ayudar a precisar la temporalidad del resarcimiento. Esto, encima, con la oferta de crédito que permita cumplir los fines. Pienso en la rapidez con la que se presentó la modificación de la Ley de Hidrocarburos y lo rápido que podría resolverse ésta si existe algún acuerdo. Sin que lleguemos a los extremos de indagar ahora si se hace por este medio o aquel. Seamos pragmáticos y realistas ante lo que nos sucede y dónde están ubicados los los poderes fácticos ahora. Pero, pensemos también en la entrada de recursos económicos inmediatos, ya enunciados, que deben, como dicho está, favorecer pronto y justamente a los trabajadores, sus familias y al trabajo.
Debido a lo extenso que ha resultado necesariamente este primer planteamiento, volveré a abundar sobre él en próximas entregas. Continuará, como se decía en las novelas por partes, con expectativa y todo. Exijamos nuestros derechos y el pago, no solo simbólico, moral, económico, político, de nuestra deuda, como los chinos reclaman la suya.
