El largo partido hacia el éxito de la periodista Antonella González, una venezolana que brilla en EEUU

El largo partido hacia el éxito de la periodista Antonella González, una venezolana que brilla en EEUU

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Antonella González vive hoy en el epicentro del fútbol mundial, justo en esa ciudad que Lionel Messi eligió para revolucionar el deporte en Norteamérica, y lo hace con un micrófono en la mano como protagonista de la historia y no como espectadora. Su posición como host de la MLS en Apple TV confirma que el talento venezolano encontró un espacio titular en las grandes ligas de la comunicación, un logro que se valida cada fin de semana ante millones de suscriptores globales. 

Ella disfruta y comenta el fútbol desde la cancha, con la soltura de quien domina la materia, pero llegar a ese punto de confort exigió disputar un partido largo contra los estereotipos y las barreras de la industria. La criolla transformó su gentilicio en una marca de calidad en un mercado saturado de voces, demostró que la pasión por el balón no distingue acentos ni pasaportes. La historia que ahora le compartimos en La Patilla es la de una profesional que supo leer el juego, aguantar la presión en la banca y saltar al terreno para definir el marcador cuando las luces se encendieron.





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Antonella confesó que el camino hacia la consolidación se construyó sin atajos, bloque a bloque, en una demostración de constancia que hoy le permite disfrutar de la cima de su carrera, pese a que tuvo que atravesar distintas dificultades, y más siendo una mujer profesional, pero inmigrante en Estados Unidos.

«Creo que son tres palabras que a veces las pones y las escribes y hasta te asusta: Estados Unidos, inmigrante y siendo mujer, periodista deportiva, pero creo que las tres las construí de una manera constante, paso a paso, a pulso. Me mudé a Estados Unidos en el 2017, es decir, ya voy a cumplir casi nueve años en Estados Unidos, y puedo decir que después de nueve años es que me siento realmente completa con mi carrera y con lo que estoy haciendo», expresó.

El periplo de González a nivel internacional comenzó antes de llegar a Florida, con una primera etapa en TVN de Panamá tras su formación académica en la Universidad Católica Andrés Bello y su especialización en Madrid. Sin embargo, el destino le planteó tomar una importante decisión en su vida personal. Su relación con el cantante Víctor Muñoz actuó como el catalizador para emigrar al norte, una apuesta que implicó dejar la estabilidad laboral en Centroamérica para reiniciar una vez más.

«Llegué a los Estados Unidos sin ningún tipo de contacto. Mi historia es la de cualquier venezolano común que se va con una maleta donde mete todos sus sueños y se va sin nada. Uno se va con muchos sueños, pero sin nada a la misma vez (…) Cuando teníamos como seis meses saliendo, él me dice: ‘mira, para que esto continúe, te vas a tener que mudar’. Y yo dije: ‘bueno, ¿por qué no?’ Si ya lo intenté muchas veces en otros sitios y no perdí nada, gané mucho».

Los inicios en Estados Unidos pusieron a prueba su temple. La gestión de trámites migratorios y la llegada de la maternidad forzaron una pausa técnica en su trayectoria. Durante ese lapso, la identidad profesional de Antonella entró en un estado emocional difícil que requirió tiempo para reorganizar prioridades. Aunque, lejos de rendirse, buscó la manera de mantenerse activa y conectada con su pasión. La solución apareció en el césped, en partidos de fútbol recreativos o «caimanas», donde su habilidad deportiva le permitió establecer los contactos que la industria tradicional le negaba en un principio.

«Gracias a esas caimanas de fútbol, donde conocí a varios productores, en el 2021, hablamos de cuatro años después de llegar aquí, es un trabajo de hormiguita, un productor de Univision me dice: ‘mira, están buscando a una host para las Eliminatorias a Catar 2022, de una app en streaming que se llama FuboTV’. FuboTV estaba revolucionando el mercado en Estados Unidos, porque era la primera plataforma streaming dedicada completamente al deporte. Estamos hablando del 2021. No existían ESPN+, ni las plataformas de streaming que tenemos hoy en día. Después de hacerme casting, de contactar con el productor de FuboTV, quedé como host de las eliminatorias y ahí es donde comienza realmente mi camino como periodista en Estados Unidos. ¿Qué me enseñaron estos cuatro años? a estar preparada para cuando sea la oportunidad y abrazarla al máximo”.

Del anonimato a la élite

Su ascenso fue meteórico una vez que se abrió la primera puerta. De cubrir eliminatorias en una plataforma emergente pasó a formar parte del equipo de Telemundo en la Copa del Mundo y, posteriormente, a firmar con Apple TV. Y con ello, la llegada de Lionel Messi al Inter Miami potenció su visibilidad de manera exponencial. Aquella primera entrevista exclusiva con el astro argentino marcó un hito en su currículo, no solo por el impacto mediático, sino porque significó la validación definitiva de su trabajo ante la mirada exigente del gremio internacional.

“Lo cambió absolutamente todo, porque de ser tal vez una periodista deportiva, una simple mortal que ejercía el periodismo, pasé a tener el reconocimiento dentro del gremio, y eso es muy gratificante. No por el ego, sino por la responsabilidad que conlleva. Creo que como periodistas deportivos siempre queremos tener esa clase de reconocimiento que también te abre puertas a tener otras exclusivas, otras entrevistas, a tener mucho más acceso, para eso trabaja el periodista deportivo, y creo que esa entrevista con Messi me cambia la vida también, porque es un momento donde pasa una en un millón en la vida, y creo que Dios me lo puso ahí, el universo”.

Agregó que “Dios me dio la oportunidad, pero también supe aprovecharla. Y por supuesto que la repercusión de ser la primera entrevista de Messi en los Estados Unidos, de lo que involucraba históricamente para el fútbol en Estados Unidos, pues me cambió la vida. A partir de ese momento me he ganado el reconocimiento de colegas a nivel internacional y eso solo me invita a seguir trabajando. No a llenarme de egos (…) Messi, podemos decir y argumentar, para mí es el mejor jugador del mundo y yo que lo tengo en la cotidianidad puedo decir que esa humildad y ese entendimiento de lo que somos como seres humanos es lo que lo lleva también a ser el mejor jugador del mundo. Y uno tiene que aprender de eso”. 

No obstante, destacar en el periodismo deportivo estadounidense implica navegar en un mar de influencias culturales muy marcadas. Antonella explicó el reto de competir por la credibilidad en un entorno dominado históricamente por voces mexicanas y la autoridad futbolística de los argentinos. Para la venezolana, el pasaporte representó un obstáculo inicial que debió superar con doble dosis de preparación. Romper el molde y demostrar que Venezuela exporta conocimiento futbolístico de altura se convirtió en una de sus victorias más dulces.

«El mayor mercado de habla hispana dentro de los Estados Unidos es México. Después en cuanto al fútbol, los que tienen más credibilidad son los argentinos (…) Entonces para un venezolano es estar por debajo, de último en la fila, y tratar de sobresalir aún más, porque como al futbolista le pesa el pasaporte, al periodista deportivo también yo siento que le pesa el pasaporte (…) Creo que ya hoy en día comprobamos que no es cuestión de género, sino de capacidad, y el venezolano tiene que siempre demostrar que es capaz», destacó.

El sacrificio detrás de la cámara

Para Antonella, el brillo del éxito profesional convive con una realidad personal que requiere equilibrio. La agenda de la MLS, activa principalmente los fines de semana, obliga a la joven periodista a negociar constantemente con su rol de madre. La ausencia en fechas familiares importantes constituye el precio invisible de su carrera. Pero, ella asume esta dinámica con transparencia, entendiendo que perseguir sus sueños sirve de ejemplo vital para sus hijos, aunque eso implique perderse momentos invaluables.

«El mayor sacrificio, que a veces la gente no entiende, es el mantener la vida personal y la familia siendo profesión de una mujer que trabaja (…) Siento que las mujeres sentimos mucha culpa cuando dejamos nuestro hogar porque a nivel de sociedad fuimos inculcadas y nos enseñaron a que tenemos que permanecer en casa (…) Se dice fácil como que: ‘ah, bueno, pero solo son los fines de semana’, sí, pero en los fines de semana es donde están los cumpleaños, los bautizos (…) es entender de que me pierdo tal vez momentos importantes de mis hijos por cumplir mis sueños».

Añadió que “me siento muy bien personalmente de estar cumpliendo mis sueños y creo que lo que les estoy enseñando es que también deberían ir tras sus sueños”.

La conexión emocional con Venezuela se mantuvo intacta y sufrió un duro golpe con la reciente eliminación de la Vinotinto rumbo al Mundial de este año. Al trabajar desde adentro en el proyecto comunicacional de la FVF, Antonella experimentó el fracaso deportivo como un duelo propio. La ilusión de ver a su selección competir en el país donde reside se desvaneció, dejó una sensación de tristeza profunda y una postura crítica sobre la responsabilidad compartida entre el equipo y la prensa en la lectura del proceso.

«Hasta el sol de hoy creo que vivo un guayabo, una tristeza por Venezuela porque siento que se nos escapó una oportunidad muy importante de clasificar al Mundial (…) pero hay que aprender la lección de elegir bien y de que nosotros también como periodistas somos responsables, corresponsables de lo que pasa adentro, de alzar nuestra voz y de realmente estar un poco más críticos con la selección. Yo sí me siento culpable de que los resultados maquillaron este proceso».

Estar cerca de la selección significó para Antonella rememorar el inicio de su carrera. “Me hizo crecer el amor por el periodismo deportivo y por eso yo le tengo un cariño especial a la Vinotinto. Y cuando uno lo vive tan de cerca (…) te llegas a meter tanto dentro de lo que pasa en el día a día con los jugadores, en la selección, en estos resultados que maquillaron tanto lo que estaba pasando por dentro y que en parte yo me siento culpable de cómo no llegamos a ver tantas señales de que no estaban funcionando las cosas. Siento que por supuesto pega mucho más”. 

El dolor de la eliminación se agudizó por el contexto geográfico y social: el Mundial se jugará en suelo estadounidense, hogar de una inmensa diáspora venezolana. González recordó lo vivido en la última Copa América, donde la marea vinotinto llenó los estadios y demostró la sed de identidad que tienen los migrantes. «Lo que pasó en la Copa América con los fanáticos vinotintos siguiendo a Venezuela durante toda la competición fue hasta un llamado de atención para la Fifa porque creo que fuimos la máxima selección que llenó los estadios».

Una huella personal

Más allá de los sinsabores del fútbol nacional, Antonella encuentra en su oficio una fuente inagotable de recompensas vitales. Viajar y conectar con otras culturas se convirtió en su mayor ganancia personal, un activo que valora por encima de cualquier reconocimiento efímero. «Creo que conocer lugares, conocer el mundo entero, conocer distintas culturas, las conexiones, los amigos, los colegas que se convierten en amigos. Creo que la mejor ventaja competitiva que nosotros podemos tener en la vida es la amistad, es conocer, es abrir nuestra mente. Y con el periodismo deportivo he viajado a una cantidad de países (…) Viajar te abre el corazón, y creo que eso es lo que me llevo».

La magia del estadio, esa energía que solo se respira a ras de cancha, sigue intacta para ella. A pesar de los años de experiencia, todavía experimenta momentos de asombro genuino al verse rodeada de multitudes apasionadas. «Me pellizco y digo como: ‘¿realmente estoy viviendo esto?, qué bonito es vivir esto, qué bonito es estar rodeado de un montón de fanáticos’, porque el periodismo deportivo creo que es una de las profesiones más lindas porque te enlaza con la pasión que sienten los fanáticos por algo, con la alegría, con familia, con unión, con esperanza de ganar (…) y siempre te va a llenar el corazón porque siempre estás transmitiendo noticias lindas».

Con la vista puesta en el futuro inmediato, el 2026 se perfila como un año trascendental en su calendario. Las metas están claras y marcadas en su «vision board»: cubrir el Mundial, que será el último baile para leyendas como Messi y Cristiano Ronaldo, y presenciar la evolución de la infraestructura deportiva en su ciudad adoptiva. «Este año se va a inaugurar el Miami Freedom Park que es el estadio nuevo del Inter Miami el 4 de abril, ahí voy a estar».

Al final del día, cuando se apagan las cámaras y el ruido del estadio cesa, el objetivo de Antonella es mucho más humano que periodístico. Su legado, insiste, no se medirá en trofeos ni en videos virales, sino en la huella afectiva que deje en quienes compartieron jornada con ella. «Quiero que me recuerden como una buena persona y eso es lo que trato de transmitirle a mis compañeros. Siempre he dicho que cuando estás en un lugar de trabajo, cuando estás con compañeros, lo más importante para que el equipo funcione es ser buena persona, es dejar el ego al lado, es trabajar en equipo (…) A nivel profesional puedo alcanzar mil y un cosas, pero siento que lo más importante que nos llevamos es que la gente te recuerde porque eras buena persona».