
En Teherán, la capital de Irán, las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los manifestantes desde el techo de una estación de policía. En Karaj, dispararon contra una marcha, alcanzando a una persona en la cabeza. En Isfahán, unos jóvenes se atrincheraron en un callejón mientras sonaban disparos y explosiones.
Por NY Times
Desde finales de diciembre se habían producido protestas dispersas, iniciando con una huelga en el bazar de Teherán y avivadas por el desplome de la economía. Pero para principios de enero los iraníes se habían rebelado en masa, y las fuerzas de seguridad comenzaron a reprimirlos con fuerza letal.
No solo las protestas inquietaban al régimen. El presidente Donald Trump daba ánimos a los manifestantes y amenazaba con una intervención militar. En muchos lugares estallaban disturbios a la par de las protestas pacíficas; se incendiaron edificios gubernamentales, locales comerciales, mezquitas y estaciones de policía.
El viernes 9 de enero, el ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán, ordenó al Consejo Supremo de Seguridad Nacional, órgano encargado de salvaguardar el país, que sofocara las protestas por todos los medios necesarios, según dos funcionarios iraníes informados de la directiva del ayatolá. Se desplegaron fuerzas de seguridad con órdenes de disparar a matar y de no tener piedad, dijeron los funcionarios. El número de muertos aumentó.
Pese a que Irán cortó el acceso a internet e interrumpió el servicio telefónico, algunos iraníes lograron eludir las restricciones para difundir testimonios y cientos de videos, muchos de los cuales The New York Times pudo recopilar y verificar.
El Times ha verificado videos de fuerzas de seguridad abriendo fuego contra manifestantes en al menos 19 ciudades y en al menos seis barrios diferentes de Teherán a principios de enero.
Estos videos muestran la amplitud y la brutalidad de la represión del régimen. También lo hacen los testimonios de médicos y de un miembro del personal de enfermería que trabajan en hospitales de Irán, y las fotografías compartidas por un testigo, y autentificadas por el Times, de cientos de víctimas llevadas a una morgue de Teherán.
El Times también entrevistó a más de dos decenas de iraníes de Teherán, Isfahán, Shiraz, Rasht y Ahvaz que participaron en las protestas, así como a familiares de personas asesinadas. Todos los manifestantes, residentes y personal médico entrevistados para este artículo pidieron que no se publicaran sus nombres ni sus apellidos por temor a represalias.
Para el lunes 12 de enero, casi todas las protestas habían sido sofocadas.
A medida que surge más información de Irán, el número de muertos ha alcanzado al menos 5200 personas, entre ellas 56 niños, según la Agencia de Noticias de Activistas por los Derechos Humanos, con sede en Washington. Iran Human Rights, un grupo con sede en Noruega que también monitorea la situación en Irán, ha confirmado al menos 3400 muertos. Ambas organizaciones afirman que las cifras podrían ser dos o tres veces mayores a medida que continúe la verificación.
El Consejo de Seguridad Nacional de Irán afirmó a través de un comunicado que habían muerto 3117 personas, entre ellas 427 miembros de sus fuerzas de seguridad. Las autoridades, incluido el ayatolá Jamenei, han culpado de la revuelta y los asesinatos a células terroristas vinculadas a Israel y Estados Unidos.
“No solo se trata de una represión violenta de las protestas”, dijo Raha Bahreini, abogada e investigadora sobre Irán de Amnistía Internacional. “Es una masacre orquestada por el Estado”.
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