Reconstruyendo un país: Cómo usar el aprendizaje que dejó de la destrucción, por José Romero - LaPatilla.com

Reconstruyendo un país: Cómo usar el aprendizaje que dejó de la destrucción, por José Romero

Sería triste que retornáramos a la libertad sin reflexionar, en realidad, lo que nos llevó a perderla y cuánto nos ha costado su conquista. En mi caso particular, lo veo así:

La Lucha de Clases: “Ser rico es malo” … De allí, lo que aprendimos fue que, realmente, malo es ser pobres. Y en cuanto a ser rico, solo es malo si para serlo no dependes de tus talentos, esfuerzos, sino que recurres a robar a los demás, al erario público, o te dedicas a delinquir traficando drogas, personas, minerales o a cualquier otro delito.





Convertir en enemigo a quien invierte su capital lícitamente ganado, a su cuenta y riesgo, para generar empleos y progreso, es un contrasentido.

El Victimismo: Culpar a otros de nuestros males, sin hacernos responsables de las consecuencias de decisiones pasadas que forjaron nuestro futuro fue la “salida” que ofreció el chavismo para dejar a los demás, sobre todo a quienes habían progresado gracias a sus talentos y esfuerzos, como chivos expiatorios. Por lo que, ahora, debemos aprovechar responsablemente, las oportunidades que surjan, bajo condiciones de igualdad, justicia y libertad, pero será en la medida de nuestros esfuerzos y talentos, lo que defina cuanto progreso y prosperidad produciremos en lo personal y aportaremos en lo colectivo.

El Clientelismo y asistencialismo: Nada es gratis, más allá de garantizar el ejercicio de la libertad, derechos fundamentales y servicios básicos, bajo condiciones de estabilidad social, económica y política, más allá de eso, el estado ni nadie, está obligado a regalarnos nada. De hecho, es un mecanismo criminal, perverso, condicionar nuestras decisiones en materia político-electorales, en base a dádivas u ofertas que nos beneficien en lo personal y en lo inmediato, sin mirar las condiciones morales, éticas ni la preparación de los “políticos” que recurren a esa práctica, porque, sencillamente, de otro modo, no lograrán obtener los votos necesarios para conquistar los cargos a que opten: Una propuesta corrupta no puede sino generar más corrupción. Todo eso que vemos como “gratis”, nos costará un precio infinitamente superior, no solo en dinero sino en calidad de vida y libertad.

Es mi deseo que, como ciudadanos venezolanos en esta nueva era, hayamos desarrollado la responsabilidad y la empatía para con el prójimo. Que esa responsabilidad implica ser socialmente activos, aportando al bien común con nuestros talentos y esfuerzos para construir un nuevo país, comenzando por sus cimientos morales y siguiendo cada uno de nosotros desde el ámbito a que nos dediquemos, bajo la guía de Dios, con las terribles lecciones aprendidas, que la libertad, la democracia y la justicia, forman parte del tejido social, que son condiciones intrínsecamente unidas, porque es imposible que exista una si no se encuentra presenta la otra y que jamás debemos darlas por sentadas sin estar dispuestos a cuidarlas, a protegerlas de cualquier amenaza, individual o colectiva, doméstica o foránea. Porque después de tanta sangre, sufrimiento y opresión, combatiremos a esos enemigos con todas las armas y en todos los terrenos que la justicia nos permita. Que no serán “otros”, seremos “nosotros” los responsables de su preservación y vigencia. Que estemos resueltos a ser libres, realmente libres, y que para eso estemos dispuestos a luchar hasta nuestro último aliento, como lo hicieron todos nuestros héroes a quienes la única manera de honrar su sacrificio, es estando dispuestos a lo mismo que ellos.

De hecho, la lucha aún no ha terminado, todavía debemos alcanzar la victoria final, de la cual estoy convencido, porque “quien no espera vencer ya está vencido” y continuar de ahí en adelante.

Dios bendiga a Venezuela.