
En medio de una de las semanas más convulsas y decisivas para la historia reciente de Venezuela, Carlos Blanco ofreció un análisis profundo sobre el momento que atraviesa el país, el estado real del chavismo, la situación de las Fuerzas Armadas, el rol de Estados Unidos y las perspectivas de una transición democrática liderada por María Corina Machado y el presidente electo Edmundo González Urrutia.
lapatilla.com
Blanco sostiene que lo ocurrido desde el 3 de enero marca algo más que un cambio coyuntural: representa el colapso definitivo de un proyecto político que ya no tiene capacidad de sostenerse ni material ni moralmente. “Estamos en presencia no solo de una derrota, sino de una humillación histórica y de la liquidación de un proyecto que ya no puede reivindicar ninguna bandera”, afirmó.
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la fragilidad del actual esquema de poder en Venezuela. Para Blanco, la figura que hoy encabeza el Ejecutivo carece de respaldo real, especialmente del componente militar. “Esta señora que está encargada de la presidencia no tiene ningún respaldo militar. Y no lo tiene porque esa fuerza, como institución, ya no existe”, sentenció.
Según el analista, lo ocurrido la noche del 3 de enero fue revelador: no hubo despliegue, no hubo reacción, no hubo defensa del poder que se decía ostentar. “Ni un solo triquitraqui pudieron disparar. No defendieron a quien se atribuía la condición de comandante en jefe”, subrayó.
Blanco explica que esta ausencia de respaldo no es circunstancial, sino el resultado de años de destrucción institucional. Bajo Hugo Chávez —y luego profundizado con Nicolás Maduro— la Fuerza Armada fue utilizada como instrumento de represión y corrupción, erosionando sus principios fundamentales: jerarquía, obediencia, cohesión y honor militar.
Para el asesor político, la Fuerza Armada venezolana dejó de ser una institución funcional mucho antes de los eventos recientes. “Ya estaba profundamente descompuesta. Se veían capitanes dándole órdenes a generales, una cadena de mando rota y un descontento masivo dentro de los propios cuadros”, explicó.
Lo ocurrido en enero solo confirmó esa realidad: una estructura anulada, incapaz de actuar como cuerpo cohesionado. “Hoy los generales se visten de civil porque no pueden presentarse como militares ante una sociedad que los repudia”, añadió.
Blanco considera inevitable que, más temprano que tarde, los militares deban plegarse a un proceso de cambio democrático, pero advierte que la reconstrucción institucional será compleja y profunda. Esta deberá basarse en nuevos valores, una doctrina moderna y una reintegración con fuerzas armadas democráticas del hemisferio.
Estados Unidos y el dilema del poder provisional
Otro eje clave del análisis fue el rol de Estados Unidos y la nueva doctrina de seguridad hemisférica planteada desde Washington. Blanco destacó la importancia del reciente hearing del secretario de Estado, subrayando el énfasis reiterado en la palabra “transición”.
A su juicio, Estados Unidos ha colocado a la actual cúpula gobernante en un dilema sin salida: obedecer plenamente las instrucciones externas o enfrentarse a un aislamiento total. “No pueden hacerlo a medias. Si obedecen, se desconectan de lo que queda de su base política. Si no obedecen, el desafío no será tolerado”, explicó.
Esta situación, según Blanco, hace que el actual esquema de poder sea necesariamente breve y provisional. “Ese interinato va a ser mucho más corto de lo que muchos imaginan”, afirmó.
Presos políticos: una prioridad ética y democrática
El asesor fue enfático al referirse a la situación de los presos políticos, a los que calificó como una evidencia directa del carácter criminal del régimen. “No están presos por cometer delitos, están presos por pensar distinto, por protestar, por mostrar actas, por solidarizarse”, dijo.
Blanco enumeró los organismos involucrados en la represión —DGCIM, SEBIN, CICPC, CONAS, colectivos armados y unidades militares— y sostuvo que la liberación plena de los presos políticos es un objetivo central e irrenunciable del movimiento democrático, tanto por razones humanitarias como por justicia histórica.
María Corina Machado y la siembra del futuro
Sobre María Corina Machado, Blanco fue categórico: la describió como una líder incansable, dedicada a abrir los canales del futuro de Venezuela. Detalló su intensa agenda internacional, que incluye reuniones con el presidente y el secretario de Estado de Estados Unidos, senadores de ambos partidos, representantes, think tanks y actores clave del ámbito político y económico.
“El trabajo que está haciendo no es solo de siembra, sino de siembra y cosecha. Está generando convicción internacional de que ella y Edmundo González Urrutia son factores esenciales para la reconstrucción del país”, aseguró.
Para Blanco, sin ese liderazgo no hay transición posible.
¿Elecciones? Sí, pero con condiciones reales
Consultado sobre la posibilidad de elecciones en el corto plazo, Blanco fue prudente. Reconoció que los comicios deberán realizarse, pero solo cuando existan condiciones reales: un CNE confiable, un registro electoral depurado, mecanismos de votación transparentes y la inclusión de la diáspora, excluida en procesos anteriores.
“No podemos olvidar que ya tenemos un presidente electo, con votos contados y probados”, recordó, insistiendo en que cualquier salida debe construirse a partir de esa realidad política.
Al cierre de la entrevista, Blanco rechazó el dilema simplista entre optimismo y pesimismo. Prefiere, dijo, concentrarse en lo que efectivamente puede construirse: una transición basada en la fuerza popular organizada, la unidad democrática y el respaldo internacional.
“Estamos en un momento de cambio. Las olas vuelven a subir y podemos volver a navegar”, concluyó.
