
Son bienvenidas las recientes medidas anunciadas por el gobierno interino y previamente ventiladas en la intervención ante el Congreso de Marco Rubio, Secretario de Estado de Estados Unidos, relativas a la liberación de presos políticos, el cese de la persecución y el retorno de los exiliados. A partir de esta semana, la aprobación de una Ley de Amnistía General puede significar la reapertura del espacio cívico que había sido clausurado después de las elecciones presidenciales de 2024. Ya muchos analistas tendrán la oportunidad de discutir y valorar ese paso en cuanto a sus implicaciones globales y nacionales; por mi parte, quiero resaltar qué significado puede tener esta medida en mi terruño, en Tocuyito.
En la vida local se puede evidenciar, con toda crudeza, el impacto de cerrar el espacio cívico sobre la vida cotidiana de las personas. Es bien sabido que el municipio Libertador, en el estado Carabobo, tiene graves problemas públicos: desde la contaminación del embalse Pao-Cachince, la ausencia de agua potable en el 70% de su territorio, la falta de transporte público, el desempleo estructural, los bajos salarios, la inexistencia de un hospital en correspondencia con su alta población y la crónica desinversión en equipamiento urbano. Sin embargo, mientras existía la libertad para hablar de esos problemas; desde la sociedad civil, los gremios empresariales o los partidos políticos, en medios de comunicación independientes; había la posibilidad de hacer visibles y atendibles dichas situaciones por las autoridades. Después del 28 de julio, las detenciones arbitrarias, la represión y la imposición del miedo lo cambiaron todo.
Sucedió entonces que la población, por las malas, entendió que no podía reclamar la falta de agua en la Urbanización Libertador, ni la desatención de los incendios forestales que impregnan con su humo la ciudad, ni la falta de transporte público en Campo Carabobo, ni el virtual cierre de los CDI, ni que nadie podía protestar por la caída de varios puentes en la zona rural por el abandono de las vías de penetración agrícola. Que se debía guardar silencio. Que callados nos veíamos más bonitos.
La dinámica social cambió. Lo importante fue celebrar la Navidad en octubre, traer conciertos de La Billos Caracas Boys y hacer montajes en Instagram y TikTok que resaltaban o intentaban sustituir con la forma el fondo de las cosas. Podría existir un ambulatorio sin agua potable, pero era mejor, y más seguro, hablar de cómo algún influencer resalta los atractivos turísticos de Tocuyito. Si prestabas atención a la comunicación pública local, terminabas convencido de que en Tocuyito podías comerte las mejores hamburguesas, desconociendo, en simultáneo, que el Programa de Alimentación Escolar llega un día sí y tres no.
Ahora, finalmente, con las medidas conducentes a restituir los derechos civiles, la libertad de prensa y la libre expresión, esos problemas premeditadamente ocultos con montañas de propaganda, la verdad acallada, surgirán nuevamente. Los vecinos reclamarán a las autoridades que el servicio de aseo urbano recoja la basura, que se restituya el agua potable, que funcione mejor el transporte, que se invierta en vialidad y que los bomberos sean dotados de insumos y medios para combatir incendios. Solo así puede comenzar la reconstrucción de Venezuela: conociendo, por voz de la gente, cuáles son las prioridades.
Julio Castellanos / [email protected] / @rockypolitica
