
Los venezolanos hemos hecho de todo en estos 27 años de ignominia para recuperar la democracia que nos fue arrebatada por un ecosistema criminal que secuestró al Estado bajo su absoluto dominio. Degradó al país poniéndolo bajo la férula de Cuba para asegurarse -el régimen forajido- el latrocinio mayor de la historia apuntalado por un control social férreo. No hay mafias ni cárteles de drogas que lo superen.
Quedará para siempre en la memoria de nuestro gentilicio el testimonio de los valientes mártires: niños, jóvenes, mujeres, hombres y ancianos que se inmolaron por la causa de la libertad y el derecho a pensar diferente; por su aspiración a vivir una vida digna de ser vivida en democracia.
No pocos hemos propuesto, en honor a ellos, convertir la mazmorra y antro de torturas “El Helicoide” en Museo de la Democracia, con una sala donde sean exhibidos los retratos de los héroes patrios con sus hojas de vida; con otra que muestre los instrumentos, artefactos, adminículos y utensilios perversos con los que los cobardes inmisericordes afrentaron la dignidad sagrada de nuestros coterráneos. Por supuesto que no faltarán las salas donde se destaquen los valores democráticos y republicanos a lo largo de la historia, como la forma de vida que decidimos los venezolanos desde 1810. Un país sin memoria se pierde.
Hemos intentado de todo, como dijimos, hasta demostrar con pruebas en mano el veredicto de la soberanía popular. La felonía se burló de la civilidad y mantuvo su hegemonía por las malas con el robo a lo malandro de las elecciones. Fiel a su cacareada confesión infame de permanecer indefinidamente “por las buenas o por las malas”.
Supimos entonces que solo la amenaza creíble de una fuerza superior acabaría con el yugo esperpéntico sin ocaso. Y esto fue lo que sucedió con la cabeza de la corporación criminal, que detentaba el poder de manera ilegítima.
Obligados por reales circunstancias, un orden fáctico, se ha dispuesto que “la segunda”, también carente de legitimidad, acometa el desmontaje del aparato criminal.
Observamos tácticas dilatorias para la expulsión de los chinos, rusos, cubanos e iraníes. Hay que estar pendientes de que no sigan dilapidando dinero útil para la emergencia humanitaria en armamento ruso que, como se vio, resultó pura chatarra y negocio para la claque corrupta.
La exigencia principal de los venezolanos es la inmediata liberación de los presos políticos. Marcha muy lento y con lamentables saldos, como la muerte de una madre que no logró abrazar a tiempo a su hijo.
Inversionistas calificados insisten en que Venezuela necesita una transición democrática para traer sus capitales. No se entiende la permanencia de quienes destruyeron el país y sus instituciones, y lo convirtieron en una inmensa lavadora de dinero sucio.
Estamos listos para asumir la democracia y reinstitucionalizarla; no permitamos, otra vez, que los secuestradores usurpadores nos mareen y ganen tiempo, el país desea el cese de la usurpación con “la efímera” incluida.
¡Libertad plena para todos los presos políticos!
