
Todo el progresismo, los medios, todólogos y una inmensa fauna nos advierten a diario que el mundo “abandona el Derecho Internacional”, para aplicar el “derecho del más fuerte”. Expresan eso como si la ONU desde su creación no “institucionalizace” el “derecho del más fuerte” con el poder de veto que detentan EE.UU., Rusia, China, Francia y Reino Unido. Nos dicen que “las grandes potencias” se mueven ahora despreciando el Derecho Internacional (soberanía nacional y la prohibición del uso de la fuerza {Art. 2.4 de la Carta de la ONU}), invadiendo otras naciones. No puede causarme más risa esto.
Solamente a modo de ejemplo y desde 1945: Guatemala (1954): Operación PBSuccess organizada por la CIA para derrocar al presidente Jacobo Árbenz. Se considera una violación a la no intervención en asuntos internos; Hungría (1956): Invasión de la Unión Soviética para aplastar la revolución húngara. La Asamblea General de la ONU condenó la acción como una violación de la soberanía; Bahía de Cochinos, Cuba (1961): Intento de invasión por parte de exiliados cubanos financiados y entrenados por EE.UU.; República Dominicana (1965): Intervención militar de EE.UU. (Operación Power Pack) para evitar una “segunda Cuba”. Fue criticada por exceder el marco de la OEA; Checoslovaquia (1968): Invasión del Pacto de Varsovia para detener la “Primavera de Praga”; Camboya (1969-1973): Bombardeos secretos de EE.UU. durante la Guerra de Vietnam, extendiendo el conflicto a un Estado neutral sin declaración de guerra; Nicaragua (Años 80): Apoyo de EE.UU. a los “Contras”. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) sentenció en 1986 que EE.UU. violó el derecho internacional al usar la fuerza y violar la soberanía nicaragüense; Afganistán (1979): Invasión soviética para sostener al gobierno comunista local, condenada repetidamente por la Asamblea General de la ONU; Granada (1983): Invasión de EE.UU. (Operación Furia Urgente). La ONU la calificó como una “violación flagrante del derecho internacional”; Panamá (1989): Operación Causa Justa por parte de EE.UU. para capturar a Manuel Noriega; Yugoslavia / Kosovo (1999): Bombardeo de la OTAN. Aunque se justificó como “intervención humanitaria” para detener la limpieza étnica, no contó con el aval formal del Consejo de Seguridad de la ONU; Irak (2003): Invasión liderada por EE.UU. y el Reino Unido (Operación Libertad Iraquí). El entonces Secretario General de la ONU, Kofi Annan, declaró explícitamente que la invasión fue ilegal al no cumplir con la Carta de las Naciones Unidas; Libia (2011): Si bien hubo una resolución de la ONU (1973) para proteger civiles, Rusia, China y la Unión Africana denunciaron que la OTAN excedió el mandato al buscar un “cambio de régimen”; Crimea / Ucrania (2014-presente): La anexión de Crimea en 2014 y la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022 han sido condenadas por la gran mayoría de la comunidad internacional como violaciones directas de la integridad territorial de un Estado soberano.
El listado anterior en modo alguno incluye el empleo del recurso en centenares de otras acciones ocurridas a lo largo del planeta; un listado tan extenso que los abrumaría. Entonces a mi modo de ver, el mundo de “instituciones” post Segunda Guerra Mundial jamás fue tal, y no puede serlo cuando como mis lectores bien saben “ese mundo” es uno que reúne una condición fundamental y que la misma tiene un corolario: La condición fundamental del mundo es la anarquía, es decir la absoluta falta de una autoridad reconocida que medie entre las naciones, y el corolario es que no hay poder alguno en condiciones de imponerse a las Grandes Potencias y ciertas Potencias Medias. Esto que detallo no es una visión personal, algo discutible en alguna cátedra, es un hecho incontrastable. Resta que nos aproximemos al mundo del principio de este segundo cuarto del Siglo XXI. Ese mundo presenta características bien interesantes: Está enmarcado en una Guerra Fría 2.0 entre EE.UU. y China, donde lo ideológico no es el tema principal como fuera en la Guerra Fría primigenia. Aquí hay una disputa por el poder, no ideológica, aunque debe decirse que son dos miradas sobre el hombre marcadamente diferentes. Es un mundo fundamentalmente bipolar, con EE.UU. y China como cabeza de esos polos, pero debe contemplarse que Rusia considera que es multipolar pues ellos se ven como un tercer polo (no importa a los rusos la opinión del todólogo sobre ellos). Es un mundo donde “viejos actores” están completamente degradados: Europa en su conjunto (ojo Rusia es parte de Europa) y particularmente Potencias Medias como Francia, Reino Unido o Alemania.
Hay dos Potencias Medias que escapan a la irrelevancia y ellas son India, encaminada a ser la cuarta Gran Potencia e Israel. Como he expresado muchas veces, en sus regiones, ambos se comportan como Grandes Potencias, producto de su influencia política, militar, tecnológica y económica. EE.UU. y China buscan asegurar sus cadenas de suministros, tratando de reducir al mínimo el riesgo que se vean afectados los mismos en el caso de una crisis. China lo hace en África y con Rusia y hoy EE.UU. está tratando de generar ese estado de cosas. Es un mundo donde ya abiertamente las Grandes Potencias expresan que el orden establecido post Segunda Guerra Mundial está caduco y se vienen generando organizaciones que tratan de responder a ello. BRICS por un lado y el Board for Peace van en ese sentido.
Es una estupidez apelar a una “Tercera Posición”; no hay espacio para ser neutrales en este mundo. Ya esa mirada de «militante neutralidad» era más que discutible en una América Latina que desde 1930 no hacía otra cosa que aumentar geométricamente su irrelevancia año a año. Es un mundo que se encamina al establecimiento de “esferas de influencia” como una forma de evitar que las Grandes Potencias confronten directamente entre sí. Esto es vital para ellas, pues a diferencia del pasado no nuclear, una guerra entre Grandes Potencias será corta, nuclear en pocos días y con las potencias intervinientes inmersas en un mundo distópico. Este mundo que describimos no es “nuevo” ni diferente al que la humanidad ha vivido a lo largo de siglos; claro que si alguien ha sido tan ingenuo para creer que la ONU es el garante de la paz o que el multiculturalismo, indigenismo, lenguaje inclusivo y el socialismo progresista son las respuestas del “Sur Global” a las Grandes Potencias, el mundo se hace invivible.
Estamos ante un mundo que de no mediar un error de apreciación garrafal de las Grandes Potencias, puede encaminarse a un estado de paz duradero entre ellas, algo que evita una Tercera Guerra Mundial. Esto último no es poco, es vital, incluso para que los estúpidos todólogos sigan tomando café de bosta de mamífero malayo por ser “orgánico”. En este escenario de esferas de influencia y pragmatismo descarnado, la Inteligencia Estratégica no es un lujo de país rico, sino el sistema de navegación básico para la supervivencia. El “Derecho Internacional” no vendrá al rescate si nos volvemos irrelevantes. La paz duradera entre potencias solo se logra cuando el costo de la agresión es inaceptable. Para Latinoamérica, dejar de ser el “amados Estados de miserabilidad moral” implica entender que la soberanía no se declama en foros internacionales, se ejerce con capacidad, anticipación y, sobre todo, con la madurez de aceptar el mundo tal cual es. El tiempo de los ingenuos y los todólogos de café ha terminado. Veremos si estamos a la altura de los realistas.
@J__Benavides
