Orlando Viera-Blanco: rubio no improvisa y Machado volteó la arepa - LaPatilla.com

Orlando Viera-Blanco: rubio no improvisa y Machado volteó la arepa

“Le sugiero-comedidamente-a aquellos amigos analistas y adeptos a la causa democrática, moderar sus posturas críticas a la estrategia sugerida por EEUU, sopena de demostrar una inconveniente ingratitud”

El tono de Marco Rubio en el Senado de EEUU, no fue dudoso, difuso, parpadeante, como podría suceder en una interpelación a un Secretario de Estado, cuando trata de dar detalles sobre una incursión [norteamericana] en otro territorio. Marco Rubio habló con propiedad y con autoridad. Sin titubeos ni improvisación. Con conocimiento de causa-dominio que refleja no sólo conocer al detalle el caso-Venezuela-, también exhibió experticia de cómo controlarlo y dirigirlo.





Por primera vez desde hace años, la respuesta de Washington con relación a Venezuela no se limita a sanciones y declaraciones, sino a una política activa y coercitiva que implica control de recursos, agenda [impuesta] con actores del régimen de Caracas y una hoja de ruta hacia el cambio político. Veamos…

Una transición preliminar sin ruptura

La sesión mostró tensiones profundas entre la administración Trump-que busca ordenar la casa con los revoltosos adentro-y un Congreso que demanda transparencia, plazos y legalidad […] Rubio argumentó que la situación venezolana había estado “congelada” por más de una década y que sólo recientemente se generó una verdadera oportunidad de cambio tras la captura de Maduro.

Una narrativa que no es cuento: un enfoque pragmático que combina presión, cooperación con actores internos del viejo régimen y planes económicos diseñados y vigilados por EEUU, no negociados. Son órdenes; ergo: Reforma a la Ley de Hidrocarburos; Cierre del Helicoide, Liberación de Presos Políticos, Ley de Amnistía, apertura del espacio aéreo, Reforma de la Ley de Procesos Electorales, y un extenso etc.

La estrategia refleja tensión entre un ideal democrático inminente y el realpolitik internacional. El régimen debe despojarse de boinas y charreteras envalentonadas y vestirse con ‘siete estrellas en la bandera y Palomo girando la mirada a la derecha’. De lo contrario, la II ola está a la víspera. No se trata de resistir y ganar tiempo. Se trata de obedecer sin ademanes. No más poder de veto.

Una de las preguntas más controvertidas de la audiencia fue por qué no se buscó una ruptura total e inmediata con las estructuras heredadas del régimen de Maduro. Aquí la respuesta de Rubio apunta a una lógica pragmática: “no se puede derribar en un día todo el aparato estatal sin correr el riesgo de caos institucional y vacío de poder”. Una sentencia que se palpa in situ: no habrá espacio ni condescendencia al al que revire o se alce.

Rubio insistió en que EEUU no está en guerra con Venezuela ni pretende una ocupación militar. La administración considera que el país está en una fase de transición que debe incluir elementos del Estado existentes, aunque con supervisión y presión constantes para garantizar que no se constituyan reiteradas redes de corrupción, narcotráfico o represión.

Este enfoque responde a varias realidades: i.-Fragilidad institucional venezolana: ii.-Necesidad de gobernabilidad mínima; iii.-Cooperación para funciones esenciales: reconocimiento de rutas marítimas, suministro de combustibles, identificación de buques y acuerdos humanitarios. La estrategia es transicional, escalonada y no rupturista, por ahora…

La transición por etapas: lógica y fases propuestas:

Rubio introdujo una narrativa estructurada sobre cómo EEUU concibe la transición venezolana: I.-Estabilización: Garantizar seguridad, evitar guerra civil y reanudar funciones básicas del Estado. Esto también implica contener influencias extranjeras (iraní, rusa, china) que Washington considera nocivas. II.-Recuperación económica: Reapertura controlada de la industria petrolera, generación de ingresos y manejo supervisado de recursos. El gobierno estadounidense ha implementado mecanismos de ventas de petróleo—depositando ingresos en cuentas supervisadas—para evitar saqueos y malversación. Nos llega información como Chinos, Rusos e Iraníes han sido literalmente, desalojados [por no usar otra expresión] de los pozos de explotación […] III.-Transición política: Apertura de procesos democráticos, reformas institucionales y eventualmente elecciones libres.

Rubio no ofreció plazos rígidos, insistiendo en que la transición “no es un microondas” [sic] y no puede apresurarse artificialmente. Tampoco la secuencia impide que sea solapada.

Desde una óptica crítica el enfoque reconoce un punto fundamental: las autocracias no se desmantelan de inmediato sin consecuencias desestabilizadoras. El riesgo de legitimar o eximir a actores que deberían rendir cuentas por violaciones de DDHH [que pagarán] es una percepción válida, que incomoda. Sin embargo, el grado de dominio de los americanos en Venezuela, al punto de abrir el espacio aéreo y sugerir que ciudadanos americanos pueden viajar al país, es una demostración de control y poder, inexpugnable.

Uso de los fondos: petróleo, cuentas bloqueadas y prioridades sociales

Un capítulo clave es el manejo de recursos petroleros venezolanos, que han sido tradicionalmente el corazón de la economía del país. Rubio explicó que el petróleo está siendo vendido bajo supervisión estricta, con ingresos depositados en cuentas bajo control estadounidense.

El objetivo declarado es evitar tanto el saqueo de activos como la caída económica total. Según Rubio, esos recursos deben destinarse inicialmente a: i.-Necesidades básicas de la población (seguridad alimentaria, salud, servicios públicos); ii.-Equipamiento médico; iii.-Reactivación económica controlada, reduciendo la dependencia de patrones predatorios del pasado.

Este mecanismo—que privilegia lo técnico y económico-ha tenido puntos críticos en lo político e institucional. A corto plazo puede proveer alivio económico, pero si esta fase se extiende sin un claro sentimiento de restitución de los derechos ciudadanos, podría generar miedos y reservas en la población. Una transición legítima debe percibirse tanto en el cambio del modelo económico como en un prístino sentimiento de restablecimiento democrático.

La administración delegada por Washington, encabezada por Rubio, ha dicho que su injerencia está enfocada a una transición estable y ordenada en la que más temprano que tarde haga viable la restitución del Estado, realizar las reformas legales y tradicionales de rigor, para ir a elecciones generales. No se puede hablar de derechos si el estado sigue ‘atrapado’ por funcionarios corruptos y criminales. La depuración del ese estado fallido, está en pleno desarrollo, y su reconstrucción es posible con un estado estable, no con un estado-caos.

Presos políticos y DDHH: lo que se dijo (y lo que no)

Rubio aseguró durante el testimonio que la liberación de presos políticos es una prioridad absoluta. Aunque algunos han sido liberados, aún quedan muchos privados de libertad en condiciones de tortura, aislamientos e incertidumbre. De cualquier modo podemos afirmar, que el proceso se acelera progresivamente. El cierre del Helicoide ya fue anunciado.

Marco Rubio reconoce que la transición no puede divorciarse de la restitución de derechos civiles, garantías constitucionales y reparación de daños. Pero lo primero-toca reconocer- es imponer la agenda de estabilización, que pasa por la estrategia de neutralización de grupos radicales, recaudación de fondos emergentes, atender urgencias humanitarias, energéticas y de infraestructura y crear el clima de confianza y seguridad para captar primeras olas de inversionistas.

María Corina y la idea de una junta de gobierno.

Aunque Rubio no delineó un plan formal de junta de gobierno con María Corina Machado y otras figuras opositoras, su testimonio sugirió apertura a alianzas amplias dentro de la oposición y apoyo a líderes que representen agendas democráticas.

Machado—como líder prominente de la oposición venezolana en el exilio—ha abogado por una transición democrática y ha encontrado apoyo en sectores de Washington. La idea de una junta o consejo interino—con participación de distintas fuerzas civiles y políticas—parece una solución ntermedia entre el cierre repentino del antiguo régimen y la entrega total del poder a un solo actor.

Esto tiene varios méritos: i.-Garantiza pluralismo político en etapas tempranas; ii.-Reduce la posibilidad de captura del proceso por un sólo grupo; iii.-Abre espacios a voces de sociedad civil independientemente de partidos[…]No obstante, también presenta riesgos si actores polarizados buscan instrumentalizar la transición para consolidar poder sin acuerdos inclusivos.

Uno de los cuestionamientos principales de los senadores fue la falta de plazos concretos para una transición democrática. Rubio respondió que no podía ofrecer fechas exactas, aunque sugirió que de tres a cinco meses deberían verse avances sustanciales. Una estimación que es un objetivo político más que una garantía.

En transiciones históricas—España post-Franco, Chile post-Pinochet, Sudáfrica post-apartheid— los plazos se negociaron y acordaron con amplios sectores, con observación internacional, y con marcos jurídicos claros. Transiciones que cabalgaron de la mano del antiguo régimen. Las fechas deben fueron pactadas y los mecanismos independientes para medir avances, fueron internos con vigilancia de la comunidad internacional.

EEUU podría garantizar el regreso de Maria Corina para organizar Comisiones de Enlace Tradicionales; activación de Comisiones de la Verdad, Procesos de Amnistía [que no incluyan criminales de lesa humanidad] y un proceso constituyente de relegitimación de poderes. Esto es decantación planificada en un marco de estabilidad.

A la velocidad que ocurren los acontecimientos, no es ilusorio pensar que entre 2026 y 2027 tenemos nueva Constitución y nuevas autoridades a nivel regional, y la conformación de nuevos poderes públicos [Contralor, Fiscal, Procurador General; Tribunal Supremo de Justicia, CNE, Defensor del Pueblo] más Presidente de la República

Una declaración magistral de filosofía política.

En conclusión, la interpelación de Marco Rubio ante el Senado fue más que una explicación de política exterior: fue una declaración de filosofía política sobre cómo EEUU concibe y ‘gerencia’ la transición venezolana. Una transición sin paralelo en la historia de las transiciones de regímenes autoritarios, criminales y fallidos al alumbramiento democrático.

El enfoque por etapas, el pragmatismo frente al idealismo, la realidad vs. lo académico y voluntarista, y lo estratégico contra lo normativo e ilusorio, supone un esfuerzo de control, autoridad y orden, sin lo cual ni DDHH, instituciones o reformas reales serán viables.

Utilizar recursos petroleros como palanca para el cambio son elementos realistas y necesarios para un cambio donde lo urgente es el estómago, el trabajo y la salud de la gente. !Esos valores también son activos que son derechos!.

Lo que está en juego en Venezuela no es sólo cambiar de liderazgos, sino reconstruir confianza y tejido social entre los ciudadanos y el Estado. Instituciones democráticas con garantías de transparencia; respeto a los DDHH como base de la legitimidad; relaciones internacionales que no dependan de hegemonías externas. Nada de ello sucede en medio de una confrontación civil y un conflicto desbordado. Es lo que le cuesta entender a los exégetas.

En última instancia, la transición que Rubio describe es un paso necesario para frenar el régimen autoritario que existía. La estrategia de EEUU supone instalar autoridad como factor esencial de estabilidad. El régimen se acostumbró a reprimir y amenazar para ser obedecido. Hoy [ellos] tienen que obedecer sin condiciones para ser eventualmente incluidos.

Estabilización es someter al régimen a un proceso profundo de purga y expiación republicana. Una impostergable reparación histórica, política, social y cultural. Es realizar actos de liberación, abstención y allanamiento de un Estado opresor…actos de reversión que jamás hubiesen acatado o cumplido sin la experiencia del 3/1/26.

Actos de recuperación de la moral pública y ciudadana secuestrada por casi tres décadas.

Nuevas elecciones, con un árbitro real, participación libre de elegibles y electores, y respeto de la voluntad popular, vienen. Esperemos con sentido de reencuentro y saneamiento, la decantación de los tiempos. Rubio ni Trump improvisan.

Quienes critican el proceso que vive Venezuela, ignoran lo que la misma Maria Corina, sí entendió: respetar, alinearse y apretar la mano de las alianzas poderosas. Así fue que Machado ‘le volteó la arepa’ al Presidente Donald Trump, ganándose su simpatía, su admiración y su respeto, que es incluirla en el cuadro de poder que desea la gran mayoría de los venezolanos. Eso será posible en nuevas elecciones.

Finalmente le sugiero-comedidamente-a aquellos amigos analistas y adeptos a la causa democrática, moderar sus posturas críticas a la estrategia sugerida por EEUU, sopena de demostrar una inconveniente ingratitud.

El tema no es analizar sobre la base de la variable simpatía o rechazo con actores políticos o ideologías. Se trata de reconocer quién aporta viabilidad a la liberación sostenible de Venezuela.

No es el fin que justifica los medios. Son los medios que dan vida, libertad, soberanía real y retorno a casa.

Un fin que no tolera otra cosa que consolidar la alianza con nuestra bandera tricolor a siete estrellas y Palomo viendo a la derecha, ¡a todo galope!

 

@ovierablanco