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Uno de los objetivos de la estructura que aún detenta el poder fue precisamente mermar, perseguir, exiliar, neutralizar y demás recursos, a todos los ciudadanos venezolanos que dentro del territorio significan la posibilidad de establecer dentro de los mecanismos de la democracia las bases para la reconstrucción del país o al menos presentar semejantes retaliaciones como recordatorio.
La meta a ser alcanzada por este y otros procedimientos fue la de dilatar el tiempo en el cual estas personas de manera individual o formando equipos, tomarán el control de las iniciativas de ocupación y dirección de todo el entramado institucional. Hoy, y con razón, la gran estrategia, la primaria, es maniatar a los depredadores y liberar a todos aquellos ciudadanos objeto de aquellas artimañas.
Por tal razón, el momento es incierto; hay una precaria claridad sobre escenarios a corto plazo que sean institucionalmente sólidos, a menos que la recomposición de las fuerzas decentes se consolide con rigor absoluto dentro la dinámica nacional. Esto no es una posibilidad, es la única opción.
Es cierto que la perversión se ha anquilosado y también, que la reacción aguarda con alevosía. Además, se sugiere la necesidad de aprovechar “momentos” de docilidad estratégica para hacer efectiva la verdadera libertad de acción. Ese tiempo desde aquí, debe ser lo suficientemente corto para permitir la entrada en acción de forma vigorosa.
Se verán algunos intentos de seguir improvisando, desviando la atención y retardando los acontecimientos; no es nuevo, ha sido así siempre, una hilarante espera para olvidar, mentir y socavar las acciones con significado.
La recomposición institucional no llegará por inercia o por concesión de los que se resisten a su fin. Los retoños de la improvisación deben ser cortados de raíz dejando para la posteridad evidencia formal de todos sus tratos y los lugares emblemáticos de la degeneración de una parte de la sociedad.
Como advirtió Ayn Rand, una sociedad está condenada cuando el dinero fluye hacia los que trafican con favores; cuando se percibe que para progresar se necesita permiso de quienes roban, cuando los corruptos y perversos son protegidos mientras se castiga a los honestos.
En este caso, la recomposición ya no es un debate político, sino una cuestión de supervivencia frente a los inicuos.
@abrahamsequeda
