![]()
No me canso de repetir que, según la pisoteada Constitución nuestra, educación y trabajo son los procesos fundamentales del Estado. Nada más lejos de la realidad actual.
Si bien al trabajo parece que van a prestarle atención por órdenes superiores del norte, a la educación parecen querer mantenerla preterida.
No se escuchan cambios en los respectivos ministerios. Nada suena. Ni las piedras. Respecto al trabajo hay una cantinela propagandística en torno a que simplemente suban los sueldos. Como ha debido ser hace años, por cierto, pero pretender olvidar, no sé si oficialmente guiados, el inmenso daño laboral causado: material, económico, moral/ético, psicólogo; ese daño que he, hemos, insistido, debe reconocerse y resarcirse, resultaría muy injusto para los trabajadores, jubilados y pensionados. Incluyo lo laboral aquí, por su incidencia en la educación.
Sabemos que con solo subir sueldos tampoco se arregla la profundidad del daño educativo. Falta infraestructura, presupuestos, una nueva orientación ideológica que permita revisar hacia dónde debe marchar en general nuestro proceso educativo, actualizar la idea de educación a los nuevos tiempos tecnológicos, en los que sobra espacio y faltan equipos, por ejemplo. En donde debe ser priorizada la persona por encima de los grupos, en donde los farragosos materiales y clases sean suplidos por la web o por la inteligencia artificial.
Si no le quieren hincar el diente, el colmillo, la dentadura, al trabajo por las complejidades económicas y reivindicativas que significa, imaginen la educación, donde los cambios deben ser profundos, ampliamente significativos. Si en algún lado hay que hacer una revolución no es en el gobierno, donde debe hacerse para bien, indudablemente, sino en el sistema educativo venezolano.
Por cierto, faltan elecciones en las universidades. Faltan elecciones en la USB, renuncia, destitución, cambios. Así resulta imposible avanzar. Celebro que este sea año electoral en la UCV, pero las demás instituciones universitarias urgen cambios para sus avances.
La educación no puede quedarse en el limbo, ni atrasada, ni anquilosada, ni preterida. Así como debe haber cambios urgentes en eso que llaman el ministerio del trabajo, deben haberlos en educación. Por algún lado hay que empezar. Y aunque me digan: poco a poco, es ya.
