
Desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1999 uno de sus principales objetivos fue arropar en el aspecto comunicacional y coartar la libertad de expresión. No solamente usando su característico verbo encendido con exageradas horas de transmisión en radio y televisión, sino también imponiendo la censura y autocensura en medios privados, legado que infló su sucesor, el ahora detenido en Estados Unidos con cargos de terrorismo y narcotráfico, Nicolás Maduro.
Por runrun.es
De acuerdo a la ONG Espacio Público, más de 400 medios de comunicación se han cerrado en Venezuela desde el arribo de Chávez a Miraflores, siendo el caso más emblemático el de Radio Caracas Televisión (Rctv), canal cuya concesión fue revocada en mayo de 2007 para abrirle paso a la señal oficialista de Tves.
RCTV fue apenas la punta del iceberg y el punto de partida de una política sistemática de silencio, censura, persecución a los periodistas y coerción de la libertad de expresión.
Según Espacio Público, entre 2008 y 2011, el gobierno de Chávez cerró al menos cuatro televisoras, 58 emisoras de radio y dos periódicos.
Estas cifras se incrementaron con la llegada de Maduro, quien fue responsable de la clausura de más de 60 periódicos, alrededor de 200 emisoras de radio, una decena de canales de televisión y medios digitales.
Aunado a esta política, el chavismo instauró un bloqueo a sitios webs y clausuró la señal de X en Venezuela, a la cual se puede acceder solo con un uso de VPN.
También instauró una especie de cacería de brujas contra el periodismo independiente, especialmente después de las elecciones del 28 de julio de 2024, cuando hubo más de 2.000 detenciones de miembros de la sociedad civil.
Precisamente en 2024, Espacio Público documentó más de 300 casos de violaciones a la libertad de expresión, un incremento de 52% con respecto a 2023.
En ese año electoral, marcado por el exilio obligado del excandidato presidencial Edmundo González Urrutia, el bloqueo de pasaportes, la criminalización de la protesta, la limitación de la cobertura periodística y la revisión de teléfonos por parte de funcionarios, Espacio Público registró 619 denuncias de violaciones a la libertad de expresión, un aumento de 61% en comparación con el año anterior.
Las detenciones de los trabajadores de la prensa se dispararon llegando a 99, un incremento de 254% frente a las que se registraron el año anterior.
Del total de aprehensiones, 28 se produjeron por el uso de redes sociales, mientras que 36 fueron por acusaciones de supuesta instigación al odio.
Un seriado producido por el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Prensa (Sntp), denominado Presos por contar la Verdad, se pasea por historias que van desde la convalecencia en prisión del excarcelado Ramón Centeno, cuya madre murió poco después de salir de prisión, hasta el editor de La Patilla, Rory Branker, excarcelado recientemente.
Aunque la mayoría de los trabajadores de la prensa regresaron a su hogar, luego del anuncio del presidente de la Asamblea Nacional Jorge Rodríguez de llevar a cabo un “número importante” de excarcelaciones, todavía quedan cinco tras las rejas: Juan Pablo Guanipa, Marifel Guzmán, Pedro Urribarri, Deivis Correa y Jonathan Carrillo.
El secretario general del Sntp, Marco Ruiz, dijo que los 30 periodistas que han sido excarcelados en los últimos dos años siguen sometidos a medidas restrictivas de libertad.
No hay democracia sin libertad de expresión
Para el periodista y escritor Boris Muñoz no es factible una transición a la democracia sin la restitución plena de la libertad de expresión.
“En todas sus facultades y eso no se está viendo por ninguna parte hoy en día”, sostuvo el fundador de la columna de opinión en español del New York Times.
Para Muñoz, mientras siga intacta la estructura represiva gubernamental es imposible hablar de la recuperación de la libertad de expresión.
