
Las recientes circunstancias que enfrentamos en el país generan ciertas esperanzas acerca del renacimiento de una nueva era democrática, representativa y alternativa, en Venezuela.
Ante esta posibilidad es pertinente hacer una reflexión sobre la relevancia de los partidos políticos sin los cuales no es posible que funcione la democracia representativa.
La irrupción de los partidos políticos en el país ocurre una vez que fallece Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras asume la presidencia, y es durante su período que comienzan a articularse las primeras organizaciones de carácter político, como el Partido Republicano Progresista (1936) que agrupó a jóvenes de inclinación comunistas, el Bloque Nacional Democrático, trabajadores petroleros y militantes de izquierda, el Movimiento de Organización Venezolana (ORVE), creado por estudiantes universitarios, que luego formarían ARDI; también surge UNE (1937) partido de orientación católica, desde el propio gobierno, como contraparte, López Contreras funda en 1938 la Agrupación Cívica Bolivariana.
Después de estos inicios los partidos políticos principales que evolucionan y terminan imponiéndose fueron Acción Democrática (AD), Unión Republicana Democrática (URD), Partido Social Cristiano (COPEI) y el Partido Comunista de Venezuela (PCV), aún con todos los reveses y la represión sufrida durante la década de la dictadura militar de Pérez Jiménez 1948-58.
Una característica que resaltar de los partidos políticos nacionales es la importancia de la figura estelar de la organización, que en ocasiones conduce a la división del partido o al partido persona. Por ejemplo, Acción Democrática que reúne en su seno a una pléyade de lideres fuertes, termina dividiéndose secuencialmente. En 1960 se conforma el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), con Domingo Alberto Rangel liderando, luego otro grupo forma el Partido Revolucionario de Integración Nacional (PRIN) liderado por Raúl Ramos Giménez en 1962, y finalmente, en 1967 se produce otra división que da lugar al Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) liderado por Luis Beltrán Pietro Figueroa.
Los partidos restantes como URD funcionaban alrededor de su figura estelar Jóvito Villalba; en el caso de COPEI Rafael Caldera y el PCV Gustavo Machado.
Posteriormente, se crearon muchos micro partidos que en la práctica representaban a una persona cuya aspiración era lograr, a través de alianzas, un curul en el Congreso. Ejemplo de ello fue el Partido Liberal con Jorge Olavarría, el Movimiento de Integración Nacional (MIN) de Renny Ottolina entre muchos otros.
Primero Justicia (1990) es digno de mención, formado por lideres universitarios ucabistas como Henrique Capriles, Julio Borges, y Leopoldo López, supuso la incorporación de una nueva generación de relevo a la política del país. Lamentablemente, las divisiones internas, han terminado por desgastar su propuesta. Sin embargo, es de reconocer que ha dado personajes importantes, como los ya mencionadas, y otros líderes como Juan Pablo Guanipa, figura estelar indiscutible de la nueva oposición.
Llegamos al 2026 en un panorama donde los llamados partidos tradicionales han perdido todos credibilidad y vigencia, como AD y Copei. Los partidos de izquierda que antes dominaban el espectro están diezmados y el PSUV, esperamos y estimamos, que en camino a su extinción.
Aparecen nuevos partidos, como Vente Venezuela dirigido por nuestra Nobel, María Corina Machado, ganadora de las últimas elecciones por abrumadora mayoría, se perfila con la capacidad de formar un entramado nacional denso y su aliado Rumbo Propio, liderado por el economista liberal zuliano Néstor Suárez, ambos claros defensores de la derecha y de la doctrina de mercado, que se presentan como las nuevas alternativas democráticas que necesita el país. Respecto a la nueva izquierda democratica hay un importante vacío a llenar.
Gerardo lucas. Economista e Historiador. Https// [email protected]
