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El domingo 8 Venezuela vivió, en cuestión de horas, la paradoja más cruel de su historia reciente: la alegría de la libertad y el golpe inmediato de la arbitrariedad.
Primero llegó la noticia que parecía abrir una rendija de luz en medio de la oscuridad. Fueron liberados varios presos políticos, entre ellos: Henry Alviarez, Dignora Hernández, Jesús Armas, Luis Palocs, Luis Somaza y Juan Pablo Guanipa.
Sus nombres, largamente asociados al dolor, a la injusticia y al encierro, regresaban al espacio de lo posible, al territorio de la esperanza.
Por un instante, el país respiró.
Pero la esperanza duró poco.
Horas más tarde, el régimen volvió a mostrar su verdadero rostro: Juan Pablo Guanipa fue nuevamente secuestrado.
La explicación oficial fue aún más reveladora que el hecho mismo: una supuesta “revocatoria de excarcelación”, motivada por el presunto incumplimiento de condiciones impuestas por los tribunales.
¿Y cuáles eran esas condiciones?
La renuncia a derechos fundamentales.
El silencio como norma.
La sumisión como requisito.
La libertad de expresión y de tránsito convertidas en privilegios condicionados.
No se trataba de libertad.
Se trataba de obediencia.
Lo ocurrido ayer desnuda una verdad incómoda: el régimen no libera, administra el miedo. No concede derechos, impone concesiones. No reconoce ciudadanos libres, tolera súbditos vigilados.
Esta no es la libertad que anhela un pueblo.
Esta no es la libertad por la que han luchado generaciones de venezolanos.
Esta no es la libertad que merecen quienes han sido perseguidos, exiliados, encarcelados y torturados por pensar distinto.
La libertad con cortapisas, la libertad condicionada, la libertad sometida a la censura y al chantaje, no es libertad: es una prolongación del cautiverio por otros medios.
Frente a esa caricatura de libertad, se alza una idea más alta, más profunda y más irrenunciable: la Sublime Libertad.
La Sublime Libertad no se negocia.
No se condiciona.
No se revoca.
No exige silencio ni obediencia.
Reconoce al ciudadano como sujeto pleno de derechos, no como rehén del poder.
Por eso el secuestro de Juan Pablo Guanipa no es un hecho aislado, sino un mensaje: el régimen teme a quienes no aceptan la libertad humillada, a quienes no se arrodillan ante la libertad vigilada, a quienes entienden que la dignidad no admite cláusulas.
Ayer celebramos la liberación de varios hermanos.
Hoy denunciamos que uno de ellos ha sido nuevamente arrancado de la libertad.
Mañana seguiremos exigiendo lo que aún falta.
Seguimos firmes, sin resignarnos, sin acostumbrarnos, sin callar:
¡Libertad plena para Juan Pablo Guanipa!
¡Libertad para todos los presos políticos!
¡Sublime Libertad, sin sumisión y sin cadenas!
Porque la libertad verdadera no se concede: se conquista.
Y porque ningún régimen puede detener para siempre la marcha de un pueblo que decidió ser libre.
Carta Abierta
Por: Héctor Urgelles Fox
