Omar González Moreno: El antifaz de Delcy - LaPatilla.com

Omar González Moreno: El antifaz de Delcy

Por Omar González Moreno

Desde comienzos de año, la llamada “interina” ha optado por un cambio de imagen cuidadosamente calculado.





Mucho antes de los carnavales, Delcy Rodríguez decidió colocarse un antifaz político, una estrategia de camuflaje que busca presentar una versión distinta de sí misma ante la opinión pública nacional e internacional.

Delcy Rodríguez intenta proyectarse como una figura humanitaria al auspiciar una supuesta Ley de Amnistía que, en realidad, no nace de una convicción propia, sino de la exigencia de Estados Unidos y de la poderosa presión interna.

También procura asumirse como “presidente”, cuando es de conocimiento general que su rol es puramente utilitario, transitorio y carente de legitimidad.

Proviene de un régimen que se sostuvo por robarse las elecciones y cuya estructura de poder estuvo marcada por corrupción, represión y actividades ilícitas.

Ese origen no puede borrarse con un simple cambio de discurso.

Delcy Rodríguez actúa como si pudiera decirle al país y al mundo:“¿A que no me conoces?”

Cambia el tono, el discurso y el vestuario político, apostando a que la memoria colectiva sea frágil y que sus responsabilidades desaparezcan con un simple antifaz.

El país conoce ampliamente los señalamientos que pesan sobre ella y su entorno más cercano.

Por ello, sus intentos de reinventarse no logran convencer ni a la mayoría opositora ni a los menguados sectores oficialistas, hoy profundamente fragmentados y desconfiados.

En el escenario internacional, Delcy Rodríguez y su hermano, Jorge Rodríguez, adoptan un tono moderado y conciliador, cuando la verdad es que son cómplices de todos los desmanes cometidos por el chavismo durante los últimos 27 años.

Así ocurrió en sus contactos con funcionarios estadounidenses y durante visitas oficiales recientes.

Sin embargo, esa docilidad contrasta con la retórica radical que emplea ante las bases de lo que queda del partido oficialista, revelando una conducta marcada por la contradicción.

Delcy Rodríguez no ha mostrado nunca un rostro coherente. Es como una comparsa. Una puesta en escena. Todo este montaje no es más que carnaval, disfraces y máscaras para ocultar la falta de legitimidad.

La realidad es que ella y su hermano permanecen asociados a graves irregularidades en Petróleos de Venezuela y en graves denuncias por violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Esa realidad pesa más que cualquier intento de maquillaje político.

En Miraflores, el antifaz cambia con frecuencia, pero hay algo que no puede ocultarse y es la fragilidad del poder que hoy representa.

Su permanencia depende de cuán funcional resulte para facilitar una transición real y sin mayores traumas. Si deja de ser útil, será reemplazada. Y dentro del muy debilitado oficialismo, su posición es cada vez más precaria.

En consecuencia, por más disfraces que adopte, el tiempo político de esta representación se agota.

El ciclo está llegando a su fin, y ningún antifaz podrá alterar esa realidad.

Sin más que agregar, nos leemos la próxima semana.