
El país amaneció este viernes con la sensación de que las cosas pueden cambiar. Pero hasta ahora solo son palabras. La ley de amnistía fue aprobada. Delcy Rodríguez habló de perdón y reconciliación. El Parlamento votó por unanimidad. Pero una pregunta permanece: ¿hubiera sido posible sin la represión política previa?
Por: ABC
Es una pregunta que revela la verdadera naturaleza de lo aprobado. La amnistía no es reconciliación. Es una negociación sobre cómo olvidar lo que sucedió. Pero el olvido requiere que ambas partes reconozcan qué debe olvidarse. En Venezuela, eso no ha ocurrido.
La ley cubre 13 episodios de conflictividad política entre 2002 y 2025. Incluye el golpe de Estado, el paro petrolero, las protestas de 2013, 2017 y 2024. Pero el Artículo 9 excluye violaciones graves a derechos humanos, delitos de lesa humanidad, homicidio intencional, lesiones gravísimas, tráfico de drogas y corrupción. Los crímenes más graves permanecen sin cobertura. Los responsables siguen intactos.
Ciento setenta y cuatro militares acusados de rebelión permanecerán encarcelados. Seiscientos presos políticos siguen tras las rejas. Pero la pregunta real no es cuántos saldrán. Es si el andamiaje político que generó estas detenciones será desmantelado. Es si Venezuela enfrentará los mecanismos que permitieron la represión durante más de dos décadas.
¿Será derogada la Ley del Odio que permitió encarcelar a personas por escribir mensajes críticos en WhatsApp? ¿Será revisada la Ley Simón Bolívar que criminalizó la disidencia? ¿Existen otras leyes represivas que permanecen en los libros? La amnistía no responde estas preguntas. Las elude deliberadamente.
Hay una reflexión incómoda: ¿alguna vez el chavismo consideró que su andamiaje de persecución podría usarse en su contra? Ahora, con Maduro capturado por Estados Unidos y Delcy Rodríguez en el Ejecutivo, esa pregunta adquiere peso. Los mecanismos represivos que persiguieron a la oposición podrían perseguir al chavismo en otro contexto.
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