Por qué los cambios en una corriente oceánica de Florida podrían causar estragos en todo el mundo

Por qué los cambios en una corriente oceánica de Florida podrían causar estragos en todo el mundo

(CREDIT: Sarah L. Voisin/The Washington Post)

 

Un cambio en la Corriente de Florida podría desatar consecuencias a escala planetaria, alterando el equilibrio de lluvias, temperaturas y hasta el nivel del mar. Esta corriente, una de las más rápidas del mundo, es clave en el sistema de la Circulación Meridional Atlántica (AMOC). Si se debilita, la cadena de efectos puede ser profunda: desde sequías severas en distintas regiones hasta inundaciones a lo largo de la costa este de Estados Unidos, pasando por una caída de las temperaturas en Europa Occidental y la posible propagación de enfermedades a nuevos territorios.

Por Infobae





Este escenario, que alguna vez fue argumento de películas como “El día después de mañana”, preocupa a la comunidad científica, aunque los expertos no coinciden sobre la rapidez ni la certeza de que tal debilitamiento ocurra. Lo que sí es indiscutible es que la Corriente de Florida actúa como una cinta transportadora, trasladando agua cálida, nutrientes y calor desde el ecuador hacia el norte, influenciando así el clima mundial. Un colapso no solo modificaría patrones de lluvia en el Sudeste Asiático y partes de África, sino que también podría elevar el nivel del mar en 30 centímetros o más en zonas costeras vulnerables.

¿Cómo monitorean los científicos la Corriente de Florida y por qué es fundamental?

Desde hace más de cuatro décadas, equipos de investigadores han realizado un seguimiento casi ininterrumpido del flujo entre Florida y las Bahamas. Esta labor es esencial para entender los cambios de la corriente y, por extensión, anticipar posibles alteraciones en el clima global. La medición precisa de la intensidad, temperatura y salinidad del agua permite prever si el sistema está en riesgo de desaceleración, un dato crítico para la seguridad de millones de personas.

El trabajo no es sencillo. Los científicos, como el oceanógrafo Ryan Smith y su equipo de la Universidad de Miami, enfrentan jornadas extensas en altamar, muchas veces de madrugada y en condiciones adversas. Una de sus tareas principales consiste en sumergir jaulas con sensores a cientos de metros de profundidad para registrar datos vitales. La premura es constante: cualquier fallo en el equipo puede suponer horas de retraso y riesgo de perder valiosa información, lo que obliga a improvisar soluciones en tiempo real.

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