José Gregorio "El Gato" Briceño: Ley de Amnistía - bodrio de los maestros del hampa - LaPatilla.com

José Gregorio "El Gato" Briceño: Ley de Amnistía - bodrio de los maestros del hampa

Imaginemos que estamos en una partida de truco donde los pícaros ( malamañosos) ya perdieron la plata varias veces y, en vez de largarse con la cola entre las patas, sacan un paquete de cartas nuevo con reglas escritas por ellos mismos: “ahora el que hace trampa gana automáticamente, y todos tienen que aplaudir el cambio”. Eso es más o menos lo que pasa cuando los que manejan el garrote deciden “perdonar” deudas que ellos mismos inventaron, mientras siguen guardando el revólver debajo de la mesa. No es generosidad, es puro teatro de barrio: te sueltan una cuerda para que creas que ya no estás amarrado, pero el nudo sigue en el mismo cuello y el que aprieta no suelta el extremo. Es la clásica jugada del que se siente acorralado y, en lugar de negociar de verdad, prefiere pintar de dorado la jaula para que los de afuera digan “qué generosos, ya los soltaron”. Pero el olor a encierro no se quita con barniz barato. Y cuando el tipo que reparte las cartas es el mismo que te robó la billetera, no esperes nunca justicia: espera más circo. Prepárate, porque lo que viene a continuación es el desmenuce de esa farsa con todas sus letras chiquitas y sus trampas gruesas.

Esto es lo real en la reciente Ley de Amnistía, no es más que una estafa maestra, un fraude legislativo diseñado no para liberar al oprimido, sino para darle un tanque de oxígeno a un aparato represor que ya se sentía asfixiado por su propio hedor. Es conmovedor de verdad, ver cómo la cúpula chavista se esfuerza en este ejercicio de alta costura jurídica, este bodrio de los maestros del hampa con el que intentan lavarle la cara a un sistema judicial que tiene más de perverso que de jurídico, como quien trata de perfumar una alcantarilla con ambientador de fresa.





Con la elegancia de un elefante en una cristalería, ignoraron la ruta de democratización y le dieron un portazo al plan de transición propuesto por Estados Unidos. ¿Para qué negociar una salida digna cuando puedes redactar una ley que te perdone los pecados mientras mantienes el látigo en la mano? Es la lógica del hampa aplicada a la política: Yo te perdono la vida, mientras sigas votando por mí.

La maniobra es puramente cosmética, un maquillaje barato para engañar a una comunidad internacional que, a estas alturas, tendría que ser ciega para no ver el descaro. Al exigir vía Artículo 7 que los perseguidos políticos se presenten ante la justicia oficialista, la narcodictadura no ofrece gracia; ofrece sumisión. Es el equivalente jurídico a que un secuestrador te pida que le des las gracias por permitirte elegir el color de tu celda. ¿Quieres la libertad? Claro, solo tienes que venir a pedírsela personalmente a quienes te metieron preso. Y de paso, tráete una torta.

La genialidad del mal reside en su capacidad para invertir los roles. En este mundo al revés que han construido, los diputados que deberían estar rindiendo cuentas ante La Haya, han logrado que las víctimas vuelvan a ser criminalizadas mientras los victimarios se pasean con un manto de impunidad tejido a la medida. Es fascinante: si escribiste un tuit denunciando torturas y tienes la osadía de volver a ejercer tu libertad de expresión, los artículos 9 y 16 te esperan con los brazos abiertos y la amenaza de un juicio ordinario por reincidencia. Porque en Venezuela, el crimen no es torturar, sino tener memoria. El crimen no es robar, es no olvidar quiénes robaron. Y como si no fuera suficiente con el chiste de mal gusto, la cereza del pastel es la «Comisión Especial» encargada de vigilar estos avances. ¿Y quién la preside? Pues nada menos que el paladín de la ternura y los derechos humanos, el mismísimo Diosdado Cabello. Poner al Capo a supervisar una amnistía es como poner a un pirómano a cuidar una estación de servicio; el resultado es previsible, explosivo y profundamente cínico. Uno espera que, en su primera reunión, la comisión se declare a sí misma víctima de la persecución y se autootorgue un perdón preventivo.

Por supuesto, los militares no fueron invitados a la fiesta. El régimen en su infinita paranoia, los dejó fuera por rebelión. Saben que el uniforme pesa cuando la conciencia despierta y prefieren mantener el chantaje político antes que arriesgarse a una verdadera justicia institucional. Porque, seamos honestos ¿cómo vas a amnistiar a quienes podrían voltearte la tortilla mañana? Mejor mantenerlos en el congelador, con la esperanza de un perdón que nunca llega.

Sin embargo, hay un detalle que el narcorégimen parece olvidar en su embriaguez de poder: el miedo cambió de bando. Así como el 3 de enero se sentían imbatibles y terminaron demostrando que no son más que tigres de papel, de esos que se mojan con la primera lluvia, esta ley de cartón no detendrá lo inevitable. Por muy grueso que sea el maquillaje, debajo siempre está la misma cara: la de la narcotirania.

Lo cierto, mi reflexión desde la cárcel del exilio es que aunque sigan pataleando no habrá artículo, ni comisión presidida por torturadores que impida el retorno en victoria y con las armas de la reconstrucción, tractores, acueductos, centrales eléctricas, progreso, a nuestra patria. La transición está más cerca de lo que sus encuestas amañadas sugieren y el desmontaje de este secuestro institucional, empezando por esa Fiscalía que actúa más como bufete del terror que como ministerio público, será más rápido de lo que sus mentes criminales pueden procesar.

Al final la historia no se escribe con leyes de amnistía redactadas por delincuentes, sino con la voluntad de un pueblo que ya decidió dejar de ser rehén. Nuestro retorno no solo se vislumbra en el horizonte, sino que llega con las maletas cargadas de verdades y con la disposición inquebrantable de dar lo mejor de sí para la reconstrucción de nuestra tierra herida. Porque por más que intenten oxigenar su aparato represor, el pueblo venezolano ya aprendió a respirar sin su permiso.

Como siempre llenos de optimismo sin perder de vista a estas mafias enquistadas  Los invito a aterrizar proyectos reales para el país que viene. Vayan guardando las fuerzas, que nos toca volver para reconstruir nuestra patria desde los cimientos. ¡Acción y progreso . ¡ Todos por Venezuela !

José Gregorio Briceño Torrealba

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