Esculpir el futuro: pacto o ruina, por Gustavo Tovar-Arroyo - LaPatilla.com

Esculpir el futuro: pacto o ruina, por Gustavo Tovar-Arroyo

La escultura del mañana

Pensé en Miguel Ángel, pensé en él y en La Piedad, también pensé en Los Esclavos y el David, pensé que esculpir es escuchar lo que la piedra calla. Y la nueva Venezuela, la que está por nacer, es un mármol virgen que quiere expresarse. Los venezolanos seremos escultores del mañana. Cada cincelada será una sílaba arrancada al silencio aterrador del tiempo padecido bajo el yugo chavista, la piedra venezolana cantará, no gritará, no habrá más gritos, latirá como una forma velada que pide nacer. No habrá destrucción, habrá revelación en la tallada. 





En el proceso iremos apartando velos antropológicos, redescubriendo la Venezuela que somos, y los venezolanos (artistas del futuro) labraremos por fin nuestro sueño de libertad.

Esculpir es tener fe en lo invisible, en lo que no se conoce, hasta que la figura emerge del corazón de la piedra: Venezuela.

El futuro ya existe

Lo que más conmueve del mármol no es su dureza, es su paciencia dócil. Lo que más admiramos del artista no es su fuerza, es su fe. Quizá también así se esculpan las naciones, con paciencia y fe. Si cada obra de arte comienza con una idea, estoy convencido de que la Venezuela soñada ya existe en nuestros pensamientos. Está ahí, palpita en nuestro pecho. Por ella luchamos, por ella vivimos. Hay que esculpirla. El futuro ya existe, habita en nosotros esperando manos firmes y cinceladas justas que la creen. Seamos los Miguel Ángel venezolanos.

Pero Venezuela será una obra maestra de muchos, de cada uno de nosotros por eso necesitamos pactar, esculpir como equipo. Las tiranías caen por presión; las democracias nacen por pactos. 

Si no pactamos, cada cincelada nacional será una quebradura y su consecuencia: una patria en ruina.

No es una tarea romántica

Esculpir el futuro exige renunciar a la comodidad del cálculo individual y asumir la grandeza del destino compartido. Exige que empresarios arriesguen, que intelectuales orienten, que líderes políticos escuchen, que la sociedad civil se organice. No es una tarea romántica, es trabajo duro. De todos los sectores sociales, el primordial será el económico, el creador de empleo, el fomentador de prosperidad y bienestar. Toda gran civilización lo fue porque ideó, creo y produjo riqueza. Eso sí, economía con ética, de lo contario sería más mafia chavista. Ni de vaina.

Basta de mariqueras socialistas, basta de corrupción. Necesitamos creatividad, esfuerzo, oficio, eficiencia. Un núcleo de visionarios que reinvente a Venezuela desde la productividad.

Quien crea empresa crea futuro; quien produce riqueza disciplina la esperanza. Sin producción hay inmoralidad y caos. 

Pacto de amplia base creativa

El pacto debe ser ancho, tan amplio como la nación, un pacto que no sólo incluya políticos en desgaste, sino artistas que sueñen permanentemente al país y lo expresen, seremos tan grandes como nuestra cultura lo sea; influenciadores que relaten la nueva sociedad; empresarios creativos y productivos; trabajadores comprometidos; intelectuales que sanen la imaginación colectiva; tecnócratas competentes que generen estabilidad; instituciones religiosas que reivindiquen la paz espiritual y la piedad social; maestros de la libertad y la conciencia. Soñadores empedernidos, escultores de repúblicas.

Un pacto nacional que incluya artesanos, educadores, campesinos, maestros, médicos, obreros, ganaderos, industriales (muchos de estos), ingenieros, arquitectos, abogados, técnicos, estudiantes.

Todos articulados por un sueño común: una Venezuela formidable, humana, libre, democrática, coño, y próspera.

Obra maestra: Venezuela

Propongo, liderados por María Corina, una conversación profunda, gentil, honesta, una partitura de espíritus venezolanistas y sus voces, y sus estrechadas de mano, y sus abrazos sin sospechas ni dudas, una suerte de congreso Anfictiónico del siglo XXI no entre naciones aisladas, sino entre venezolanos comprometidos a toda costa con el cambio histórico y dispuestos a trabajar por él. Una liga venezolanista que unida esculpa la Venezuela del futuro, la que todos nosotros imaginamos y queremos cincelar. Nuestra obra maestra.

Un pacto nacional que no sea una fotografía, sino un compromiso de ingeniería, que no reparta cuotas, que distribuya responsabilidades; que no administre ruinas, sino que esculpa un hermoso destino.

Una república no se improvisa el día después, se idea, se pacta, y se esculpe con nobleza y compromiso. El tuyo, el mío, el nuestro… 

La ruina sin estruendo

De lo contrario, de no lograr pactar, de no entender que lo que está en juego no es sólo una liberación o una elección, sino una convivencia futura, la ruina será el destino del mármol venezolano y nosotros mismos lo habremos causados. Si la desconfianza domina, la fragmentación nos hará débiles ante cualquier presión externa o interna. La ruina no siempre llega con estruendo, a veces se instala como costumbre. Venezuela tiene todavía reservas morales y talento para intentarlo. No hemos renunciado ni lo haremos jamás. 

El futuro no será concedido. Será esculpido. Y la herramienta no será el odio, sino la alianza lúcida entre quienes, pese a todo, todavía creen en esa bella y ancha palabra que es Venezuela.

La libertad no brota del vacío: brota del acuerdo ético entre ciudadanos responsables y movilizados.

¿Empezamos?

 

Gustavo Tovar-Arroyo   @tovarr