
Cerrar El Helicoide es clave, pero no nos confundamos. El régimen pretende borrar el horror del mayor centro de torturas de América Latina, sin reconocer el uso que le dieron, para que no recordemos lo que allí hicieron. Habrá memoria y justicia.
Pretenden hacerlo cuando el propio Sr. Rodríguez confirma que, como mínimo, hay 11.000 presos políticos en Venezuela, de diversas maneras.
Por eso es que la memoria será clave, para que se sepa lo que por años ha ocurrido en El Helicoide, y especialmente que allí quede el testimonio del terror, para que próximas generaciones conozcan la fachada de un régimen criminal y torturador que ha cometido terrorismo de Estado.
Desde hace mucho tenía que cerrarse, como deben cerrarse todos los centros de tortura, conocidos y clandestinos, y allí debe quedar, a la vista de todos, el recuerdo del dolor al que sometieron a miles de inocentes. Nos tocará hacerlo de la mano de la verdad, de la justicia, de la reparación y de la no repetición.
Se cierra El Helicoide no porque el régimen ahora quiera velar por los derechos humanos ni porque los respete, sino porque el 3 de enero hubo una clara muestra del poder que fue mucho más allá de la amenaza creíble: Estados Unidos les hizo saber que fue suficiente de su conducta criminal impune.
Podrán pintar y hacer todo lo que quieran, pero habrá memoria y, sobre todo, justicia.
Habrá justicia, porque justicia no es olvido.
