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La política farmacéutica es una rama de la política de salud que debe ordenar, planificar y regular en todo el ciclo del medicamento y otras tecnologías sanitarias, a través de políticas operacionales y planes específicos.
Sin el deseo de bajar los ánimos para contar el final, es conveniente decir desde el inicio que, en Venezuela, no existe una política farmacéutica. Tal vez un buen intento, fue la promulgación de la Ley de Medicamentos en el año 2000. Sin embargo, casi 26 años después, es evidente su insuficiencia. Más grave aún: los fragmentos más poderosos de dicha ley, destinados a garantizar la comercialización de medicamentos seguros, efectivos y de calidad, han sido vulnerados desde el propio ejecutivo en los últimos años.
Esto es solo un síntoma de la falta de compromiso en el cumplimiento estructural. La lista de medicamentos esenciales o estratégicos queda relegada a experimentos comerciales o arbitrariedades de importación, mientras el Consejo Nacional del Medicamento es apenas un recuerdo. Aunque ciertamente esta ley funciona como una buena referencia conceptual, en cuanto a los productos y establecimientos farmacéuticos, su falta de “eficacia” nace de la inexistencia de un sistema de salud probo y una anomia institucional que romantiza los caprichos gubernamentales más una doctrina sanitaria ya carcomida tras años de corrupción y devastada por acciones irresponsables.
Bajo estas condiciones, el desarrollo de una política farmacéutica queda asfixiado por intereses subalternos. Se requiere estructurar un diseño de aspiraciones reales que, partiendo del «Ejercicio de la Farmacia» y las actividades profesionales inherentes, incorpore una industria enfocada en la salud pública. Este diseño debe trazar objetivos claros de accesibilidad y disponibilidad para la toma de decisiones, orientadas a un plan de desarrollo organizado (científico, administrativo, logístico y de dirección) que afiance un compromiso inquebrantable de todas las partes.
Es imperativo revisar y canalizar la cooperación de la industria; ya que, en el país, se ha normalizado la falsa creencia de que una política farmacéutica se limita a la cantidad de unidades colocadas en el mercado. Esta visión omite verificar si dichos productos cubren las necesidades farmacológicas reales de la población o si garantizan el acceso a terapias de avanzada y nuevos fármacos.
La política farmacéutica debe proporcionar el andamiaje necesario para quienes fabrican, regulan, comercializan, prescriben, dispensan y consumen; garantizando cobertura a la población con un gasto de bolsillo mínimo.
Entendido lo expuesto, vale decir nuevamente: en Venezuela no existe una política farmacéutica. El lienzo está en blanco, hagámosla.
@abrahamsequeda
