La Ruta del Cambio: El vértigo de los hechos y la pausa que exige el futuro" Por José Luis Farías - LaPatilla.com

La Ruta del Cambio: El vértigo de los hechos y la pausa que exige el futuro" Por José Luis Farías

Los acontecimientos del 3 de enero, con su carga de fuerza y sorpresa, cerraron un capítulo e inauguraron otro. La intervención del gobierno de Donald Trump depuso a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, y aquella madrugada, condenada por unos pocos y celebrada por una mayoría, sigue siendo la referencia obligada para entender el momento que vive el país. A casi dos meses de aquello, predomina en el ambiente una sensación de alivio, la expectativa de que las cosas pueden encauzarse. Pero conviene no confundir el alivio con la claridad.

Porque si se observa con cuidado, el camino hacia la reinstitucionalización no se ve del todo despejado. Hay movimiento, sí, pero disparejo. En el área petrolera las piezas se mueven con rapidez; en el terreno de los derechos civiles y políticos, en cambio, la marcha es lenta, casi imperceptible. Y mientras tanto, algunos voceros que no esconden su sumisión al régimen, bajo un disfraz de presunta oposición, parecen más interesados en prolongar la estadía de Delcy Rodríguez al frente del Ejecutivo hasta el 2030, que en atender las propias fisuras que ya se manifiestan en las filas del antiguo régimen, donde las críticas a la señora Rodríguez y a su hermano son cada vez menos veladas.

El tiempo, sin embargo, no se detiene. A principios de julio se agota el plazo del artículo 234 de la Constitución al cumplirse los 180 días de esa permanencia que se sostiene en una legalidad precaria. Y el Secretario de Estado, Marco Rubio, ha dicho que «Venezuela deberá celebrar elecciones libres como parte del proceso posterior a la intervención militar que en enero derrocó a Nicolás Maduro». A partir de julio, el escenario se complica.





La fuerza que hizo posible el cambio de gobierno no puede seguir siendo el único fundamento de la vida pública, aunque continuará presente como un factor subyacente. Si se insiste en ella, el camino hacia la reconstrucción institucional se bloqueará. Y la salida constitucional, en sentido estricto, no se torna viable: organizar elecciones en los 30 días que establece el artículo 233 puede llegar a ser materialmente imposible si no se emprende desde hoy mismo. Cualquier interpretación judicial que pretenda legitimar la situación actual sería vista, con razón, como un producto de la fuerza. De ahí que esta deba dar paso a la solución política.

El TSJ, que definió la encargaduría de Delcy en la presidencia, puso la pelota en la Asamblea Nacional para definir el juego que sigue. Un espacio propicio para refrendar un acuerdo que no se restrinja a sus integrantes, sino que incorpore la opinión de actores políticos cuya legitimidad supera los muros del Capitolio Federal.

Lo político, como sustituto de la fuerza, exige una propuesta consensuada, con respaldo suficiente para investirla de legitimidad. El objetivo estratégico, por tanto, es la construcción de una ruta democrática que nos devuelva a la vida institucional. Esa ruta debe considerar el interés nacional en la formulación de los cambios, así como una valoración objetiva de los factores y liderazgos políticos que pueden otorgarle legitimidad al proceso. Y alrededor de ella debe darse el debate sobre qué cambiar y cómo hacerlo, en los términos menos traumáticos y más convenientes para el país.

En ese marco, comienza a perfilarse la posibilidad de una Junta de Gobierno con una tarea clara: construir la ruta de reinstitucionalización y retorno a la democracia. Y aquí se abren al menos dos vías: la de elecciones presidenciales, que buscarían un relevo rápido en el poder, o la de una Asamblea Nacional Constituyente, que apuntaría a un proceso más profundo de refundación del pacto social. El debate está abierto.

Personalmente, tiendo a inclinarme por la vía constituyente. No porque sea más fácil, sino porque ofrece un espacio plural más amplio, capaz de incorporar las propuestas que puedan surgir tanto de la propia Junta de Gobierno como de los diversos sectores del país. En una coyuntura tan delicada, la amplitud y la deliberación parecen condiciones necesarias para que lo que se construya tenga raíces más sólidas que las que hasta ahora hemos conocido.