
Por Juan Guerrero (*)
La magnitud del acontecimiento ocurrido en Venezuela el pasado 3 de enero del presente año, aún no ha sido comprendido en su justa dimensión por la dirigencia política venezolana.
Creer que se pueden realizar elecciones en un plazo de 9 a 10 meses es de una ingenuidad supina. Cuando la primera potencia militar del mundo incursiona en otro país no lo hace por razones meramente humanitarias. Detrás de esta incursión viene toda una estrategia de Estado, que va más allá del gobierno del “tío Donald” y es la presencia del Pentágono que ha diseñado, muy probablemente, las fases por las que el poderío militar y económico estadounidense permanecerá en suelo venezolano, bien directamente o a través de personal nacional muy bien seleccionado, por unos cuantos lustros.
Por esta razón no creo que puedan celebrarse elecciones, ni en el corto ni en el mediano plazo. Esto es; el presidente norteamericano fue claro: “elecciones entre un año y medio a dos años”. Palabras más palabras menos fue lo que escuché en una de sus alocuciones. Antes habría que pasar por la estabilización del país y después por la reactivación económica.
Y apenas comenzamos a transitar la primera fase, enseguida el activismo político partidista comienza a cacarear su deseo de planificar elecciones, como si ello fuera la “vara encantada” que solucionará la inmensa herencia del desastre que dejó a Venezuela como una “tierra arrasada”, tanto por el oficialismo como por gran parte de la oposición que, al presente, continúa sin colocarse a la altura de la delicada situación en la que se encuentra la República.
Esto último es significativamente trascendental dado lo ocurrido el 3 de enero pasado. ¿O es que acaso la extracción de un presidente de un país, por más ilegítimo o usurpador que se le califique, es un hecho común y corriente?
La dirigencia política opositora venezolana, en su mayoría, está colocando a un lado (¿Olvido adrede?) que por años denunció públicamente que en Venezuela había una “Emergencia Humanitaria Compleja”. Esto implica que la primera prioridad debe ser el ciudadano: la crisis alimentaria, la crisis hospitalaria, la humillante crisis de los sueldos y salarios, jubilaciones y pensiones. La atención inmediata de la precariedad en la subalimentación de niños y ancianos.
Circunscribir la compleja realidad venezolana al juego exclusivamente político y colocar el foco en unas elecciones en el corto plazo, dejando a un lado lo realmente prioritario (¡de vida o muerte!), es no estar conectado con la cotidianidad del padecimiento real del venezolano. Sí, es válido y prioritario el reclamo por la liberación de los presos político y militares, sometidos a vejámenes y torturas.
Creo que estos ejemplos dan luces sobre la espantosa realidad que se vive en la cotidianidad, en el día a día de quien vive la anormalidad en Venezuela: el promedio del sueldo de un profesor universitario alcanza a 1,27 dólares estadounidenses por mes. Sueldos parecidos devengan maestros, enfermeras, médicos, y hasta militares. Unos un poco más que otros, pero jamás sobrepasan los 10 dólares mensuales. Los pensionados y jubilados alcanzan apenas 130 ¡bolívares! al mes.
¿Cabe en la mente de algún cristiano pensar en elecciones mientras tiene la nevera en la pura soledad?
Desde hace años el venezolano, en su mayoría, se convirtió en un “GoFundMe” para completar y comprar medicinas de alto costo, operarse o realizar exámenes complejos, incluso para un entierro. La cotidianidad del venezolano promedio se desarrolla en la incertidumbre de no saber si encontrará comida, y si la encuentra muy probablemente no tendrá para completar y adquirir una bombona de gas doméstico. Y si tiene ambas cosas, entonces tendrá que ver cuánta agua tiene. Por otro lado, muy probablemente no le alcanzará el sueldo para comprar sus medicinas para la tensión. En fin, la inmensa mayoría del venezolano se mueve en medio de estas y otras incertidumbres: reales, punzantes, que laceran hora a hora el fondo del estómago y se reflejan en una acidez permanente.
No, las elecciones en el corto ni en el mediano plazo van a resolver la cotidianidad de este venezolano. La urgencia, la sobrevivencia para el venezolano es que se puedan atender sus ¡reales y verdaderas necesidades!, ahora, en las horas que están pasando. Porque para un jubilado, un adulto mayor, las horas cuentan. Para un enfermo que espera en la emergencia de un hospital público, son minutos la distancia entre la vida y la muerte.
Pensar entonces en elecciones mientras parte, gran parte de la población venezolana se encuentra en ¡Emergencia Humanitaria Compleja! las elecciones no le van a resolver nada. Obviamente, para democratizar el país y hasta para adecentarlo, las elecciones son parte de la civilidad. Pero en este momento la urgencia es salvar y preservar la vida de centenares de miles de venezolanos.
Sería tan hermosamente democrático escuchar a los políticos declarar que están presionando para que los hospitales se doten de equipos médicos, medicinas, que se modernice la planta física y se cancelen sueldos justos y dignos al personal sociosanitario: personal de servicio, administrativos, enfermeras y médicos.
Los venezolanos quisiéramos ver a los políticos ofrecer una rueda de prensa donde se declaren en “Emergencia Política” y atiendan los reales y verdaderos padecimientos de los ciudadanos de la República de Venezuela.
(*) [email protected] X @camilodeasis IG @camilodeasis1
