Lapatilla
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Muchas veces llama la atención el hecho de que funcionarios de alta talla del actual gobierno norteamericano, incluso los que han estado viniendo a Venezuela antes y durante los episodios más recientes de este año como Richard Grenell, sean homosexuales. Sobre todo porque se tiene la falsa idea, demostrada con esos nombramientos y sus ejecutorias reales, de que Donald Trump ha resultado ser un orate homofóbico. Se han tenido al respecto algunas infundadas conjeturas acerca del vicepresidente, incluso, pero ese no es asunto mío. No ejercen esos cargos por su sexualidad, ni tienen por qué ocultarla.
Pero los Países Bajos siguen dando las primicias al respecto, sin ningún tipo de prurito social, sexual, ni político, como corresponde. En ese sentido, es de celebrar que tengan no solo el más joven, como es, de sus primeros ministros, sino uno que abiertamente luce su homosexualidad, al lado de su pareja, el argentino, para más señas, Nicolás Keenan. Una noticia que enaltece el mundo gay y sirve, en mucho, para la observación y el deslinde de limitaciones que tendría en nuestras tierras la sexualidad de un político que aspirara siquiera a un alto cargo. A pesar de que no fue un fuerte en su campaña su predilección sexual, por cierto. No era necesario.
En ese país se legalizó el matrimonio gay por primera vez en el mundo. Jetten y Nicolás, piensan contraer matrimonio este mismo año. Ahora, el primer ministro en los Países Bajos llega allí por sus méritos y su popularidad, indudablemente; superando su juventud y su sexualidad que pudieran ser vistos como límites indudables en otras latitudes; arriba Jetten al cargo mayor, causando un especial atractivo mundial, por su belleza masculina, su juventud, su pareja y sí, por su abierta homosexualidad que no resulta una limitante para el manejo del Estado, para el ejercicio de ningún cargo, para la vida.
En Venezuela, las amonestaciones acerca de la sexualidad de un individuo, sea político o no, la sola duda, sirve para generar todo tipo de reacciones negativas, devaluadoras, de las que todavía hoy pareciera haber la obligatoriedad de defenderse. Esto a pesar de haber sido Tamara Adrian la primera diputada trans latinoamericana. Nuestra historia política está cargada de ataques al respecto y de escondrijos sexuales para protección de quienes aspiran siquiera un cargo. Es más, los ataques con la sexualidad han servido de arma política para detener aspiraciones o intentar reducir acciones y personas. Pienso particularmente en los ataques directos al respecto que sufría Rómulo Betancourt, a quien todavía hoy se le invoca por una autopista construida durante su gobierno, haciendo mención a sus nalgas. Pienso en Gonzalo Barrios, quien estuvo cerca de la presidencia cuando era obligatorio estar casado para el ejercicio del cargo. Sería interesante un estudio sobre la sexualidad en la política venezolana, la real y la inventada para atacar. Se me dirá que han cambiado los tiempos, pero no parece ser así por los retrasos indudables en las libertades sexuales que han impuesto desde el poder todos estos años.
Ojalá el ejemplo de La Haya sirva para más apertura al respecto en Venezuela. Sumado a los procesos actuales de reconstrucción política, social y económica, ¿verdad Marco Rubio? En esta transformación a la que vamos, debemos abrirnos finalmente a la aceptación del matrimonio igualitario, a las libertades todas, incluidas las sexuales, para lo que hará falta construir leyes amplias, abarcadoras, que conduzcan a más libertades sexuales, como ha venido ocurriendo en América Latina y todo el continente, ya se ve con ese fabuloso ejemplo que no es un precipicio.
En fin, el mayor de los éxitos al joven, al homosexual, al primigenio. Ejemplo para el mundo, guía para lo que se debe hacer con urgencia en Venezuela. «Sí se puede», como era el lema de Jetten en campaña. ¡Claro que se puede, y pronto!
