
Comerciantes de Carabobo mantienen las santamarías arriba pese a que este 2026 las ventas no terminan de estabilizarse y el diferencial cambiario continúa siendo el enemigo común del sector.
lapatilla.com
Esta semana, los vendedores en el Mercado Municipal de Naguanagua recalcaron que, luego del repunte de clientes en los sectores de alimentación y servicios de primera necesidad, desde enero, la actividad comercial ha estado “floja”.
“Se movió en diciembre y a principios de enero, pero ahora se vende poco”, comentó Alexandra Terán, encargada de un pequeño abasto y un local de ropa.
A su juicio, el bajo poder adquisitivo de los clientes no es el único reto a superar, sino la dificultad para mantener los anaqueles variados y surtidos con un dólar oficial que hoy cotiza en 425,67 bolívares, mientras que la tasa paralela rondan los 650 bolívares por dólar.

“Reponer inventario se nos ha complicado porque los proveedores solo aceptan divisas y son muy pocos los clientes que pagan en dólares”, precisó.
En la agropecuaria de Víctor Jiménez la situación es similar: alrededor del 90% de sus clientes cancelan con moneda nacional usando tarjetas de débito y transferencias bancarias inmediatas.
Pese a ello, Jiménez hace el esfuerzo de comprar divisas en el mercado negro para tener acceso a los descuentos de proveedores de hasta el 25%.
“El problema es que un saco de maíz sale en 40 dólares al cambio del Banco Central, pero si los pago en divisa, me queda en 30 dólares”, explicó.
Para Yelitza Carabali, conocida como «La Negra», es la primera vez en sus 10 años trabajando en el mercado que enfrenta un desafío tan grande para conseguir “los verdes”.
Consideró que la falta de circulación de dólares responde a las expectativas de dolarización en el país, luego de que el Gobierno de Estados Unidos apresara a Nicolás Maduro y restableciera relaciones comerciales con Venezuela.

«Todo el mundo tiene las divisas guardadas desde que empezó el rumor de que van a dolarizar. Ahora sí es verdad que no las quieren soltar”, añadió.
Por otra parte, hay comerciantes que tomaron una postura más radical. Tal es el caso de Elvis Pérez, encargado de una charcutería, quien sólo hace transacciones comerciales con proveedores que aceptan bolívares a la tasa oficial.
«Yo me quité ese lío hace un año. Pagamos a BCV y vendemos a esa tasa”, puntualizó.
Si bien la medida le ahorra dolores de cabeza, también impide ofrecer precios competitivos: mientras él tiene el kilo de queso en ocho dólares, otras charcuterías lo ofrecen a seis y siete dólares.
