
Una importante exposición del Museo de la Revolución de La Habana está dedicada a las condiciones que se vivían en Cuba antes de que la revolución tomara el poder en 1959.
Por Will Grant | BBC Mundo
En el interior del ornamentado antiguo palacio presidencial, fotografías y testimonios orales detallan la pobreza extrema y la corrupción arraigada de la dictadura del entonces hombre fuerte del ejército cubano, Fulgencio Batista.
La imagen más impactante es la de una mujer en una choza de hojas de palma con suelo de tierra cocinando con leña.
Imágenes similares aparecen en los museos estatales de toda la isla, desde la Bahía de Cochinos hasta Birán, lugar de nacimiento del padre de la Revolución cubana, Fidel Castro.
La conclusión es clara: los revolucionarios salvaron a los cubanos de la ignorancia y las penurias de la vida bajo un líder de facto respaldado por Washington y los llevaron a la dignidad, la educación y la verdadera independencia.
Sin embargo, hoy en día, Lisandra Botey se identifica más con la mujer empobrecida de la fotografía que con los revolucionarios que liberaron a su país de Batista.
«Ahora vivimos así, exactamente así», dice Lisandra, ama de casa, frente a su hogar en La Habana, construido con trozos de chapa y madera.
«Todas las mañanas tenemos que ir a la playa (en La Habana) a buscar leña. Luego la traemos a casa para cocinar el desayuno, porque si tenemos electricidad, es durante el horario escolar».
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