Enrique Prieto Silva: La Doctrina Monroe vs el Panamericanismo - LaPatilla.com

Enrique Prieto Silva: La Doctrina Monroe vs el Panamericanismo

Atendiendo a la situación generada por la política del presidente norteamericano Donald Trump,  con su acción bélica iniciada desde finales de 2025 denominada Operación Lanza del Sur en el Caribe, hemos tomado de nuestro libro intitulado “Educación para la Paz” textos referente a los temas que integran el título y en este sentido transcribimos que “En cualquier estudio que se haga sobre la integración de América Latina, saltaría a la vista el manifiesto de Simón Bolívar el 12 noviembre de 1814, cuando utilizo la célebre frase: “Para nosotros la patria es la América”. Frase recogida como la primera visión de lo que sería el Panamericanismo, que para él no bastaba la libertad de las colonias españolas de América, sino que su ideal era el de constituir una sola Patria, tratando de formar la unidad de un mundo atado por costumbres semejantes y por anhelos idénticos”; y en su Carta de Jamaica en 1815, expone la idea de unir toda Sudamérica, desde Chile hasta México. Pero, no es sino en 1826 cuando se convocó por vez primera, a instancias del propio Bolívar, una reunión de las recién creadas repúblicas, que se celebró en Panamá.

En dicha Carta preconizaba: ”Yo deseo más que otro alguno, ver formarse en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y su gloria. Es una idea grandiosa, pretender formar de todo el Nuevo Mundo, una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, una costumbre, debería por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse”.  

Esta clara definición del Panamericanismo bolivariano, cuyo fin era el de fomentar las relaciones y la colaboración entre los estados de América, fue en el fondo, el germen de la asociación panamericana, nacida con la independencia de las distintas colonias españolas y portuguesas, en torno al primer cuarto del siglo XIX.  





Bolívar había presentido, que el mayor riesgo al que se enfrentaban las nuevas naciones, era la desunión, por lo que propugnó la federación de todas ellas en una estructura de carácter supra-nacional. Estados Unidos, a pesar de ciertas dudas iníciales, se desinteresó en la participación en el proyecto bolivariano de federación hispanoamericana.  

La convención regional formada por los países iberoamericanos, delinearon las bases para la unión política, “después de 15 años en pro de la libertad”, como diría el Libertador, agregando que, “ya es tiempo que los países hispanoamericanos cuenten con un sistema de garantías, escudo de su destino, base fundamental que eternice su duración. 

Este sistema era el que el genial proyecto tendía a entablar, creando un cuerpo político personalizado por el órgano internacional de la asamblea de plenipotenciarios”.  

Este sentimiento ecuménico, no fue único de Bolívar. Otros americanos de la época y contemporáneos de la lucha independentista, compartían dichos ideales; otro venezolano, Francisco de Miranda, mantuvo la misma idea; en Chile, Martínez y Egaña hablaban del Continente como una sola nación, un solo Estado que uniese esos dominios antes españoles; Mariano Moreno, Cecilio del Valle, Artigas, O’Higgins, San Martín, el peruano Bernardo Monteagudo, Jo-sé Bonifacio de Andrade e Silva, Pablo de Olavide y muchos otros, se expresaban en iguales términos. Fue Bolívar, quien logró consolidar este ideal común de los hombres de América.  

El Libertador convoca a los iberoamericanos al primer congreso, que se celebraría después de la paz libertaria. Su ideal, “en plena paz entre sus miembros y para organizar la paz de todo un continente”. Consolida así Bolívar, su ideal expuesto en la Carta de Jamaica: “que bello sería, que el Istmo de Panamá fuera para nosotros lo que el de Corinto para los griegos. ¡Ojalá! que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios, a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra con las naciones de las otras tres partes del mundo”.  

E1 15 de julio de 1826, las Repúblicas de Colombia, Centro América, Perú y los Estados Unidos de México, firmaron el “Tratado de Unión Liga y Federación Perpetua”, tratado, que tuvo como objetivo: constituir una gran confederación continen-tal compuesta de todas las naciones americanas, con el fin de mantener la paz entre los Estados miembros y proveer medios para la defensa solida-ria de los derechos de éstos; defender la soberanía, la independencia política y la integridad territorial de los Estados miembros; el establecimiento de lo que hoy sería una asamblea general con poderes para negociar; solución amigable de todas las diferencias existentes; el establecimiento de la ciuda-danía continental; la abolición de la esclavitud; la condenación de la conquista y de la guerra; las relaciones entre pueblos y gobiernos; la formación de un ejército de tierra y mar para hacer efectivas las estipulaciones del tratado, concernientes a la defensa colectiva y a la seguridad de los miembros de la Confederación .  

Estados Unidos, a pesar de ciertas dudas iníciales, se había desinteresado en la participación en el proyecto bolivariano de federación hispanoamericana. Para ese entonces, había proclamado la Doctrina Monroe  y no tomó parte activa en este movimiento, prefiriendo esperar una mejor oportunidad. Luego, finalizada la Guerra Civil estadounidense, ocurrida entre 1861 y 1865, se interesó en el comercio con Sudamérica, dada la presencia cada vez más activa de Gran Bretaña en la zona. 

Entre 1889 y 1890, por iniciativa del secretario de Estado, ministro de Asuntos Exteriores estadounidense James G. Blaine, se celebró en Washington la I Conferencia Panamericana, a la que asistieron los representantes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Estados Unidos, Uruguay y Venezuela. Esta reunión sentó las bases para el moderno sistema de cooperación panamericana y creó la Oficina Internacional de las Repúblicas Americanas, convertida después del Congreso de Buenos Aires, en 1910, en la Unión Panamericana.  

Esta unión panamericana, aun cuando precaria y sin gran poder político colectivo, venía a constituir una forma de presión o reclamo, a la política norteamericana. No se debe olvidar, que Estados Unidos venía aplicando desde los primeros años del siglo XX la denominada política del Big Stick  (“Gran Garrote”), interviniendo militarmente en diversas repúblicas.  

Antes de la I Guerra Mundial se celebraron tres conferencias panamericanas o interamericanas, donde se aprobaron resoluciones sobre cuestiones legales, comerciales y económicas; y entre la I y la II Guerra Mundial, se celebraron otras cuatro conferencias, centradas en aspectos militares de defensa y cooperación mutua. Es por ello explicable, que en la reunión celebrada en Santiago de Chile en 1923, se aprobó la Convención Gondra  a fin de evitar enfrentamientos bélicos entre los países americanos. Luego, en la Conferencia de Lima del año 1938, se hizo pública la llamada “Declaración de Lima”, que establecía la solidaridad entre las naciones americanas y la ayuda entre los diversos Estados en caso de agresión de un país extranjero.

La Doctrina Monroe se fundamentó en declaración del presidente norteamericano James Monroe, (quinto presidente de Estados Unidos entre 1817-1825 y uno de los fundadores del Partido Republicano, más tarde llamado Partido Demócrata-Republicano), en su exposición anual ante el Congreso de Estados Unidos el 2 de diciembre de 1823, donde recoge los principios de la política exterior de Estados Unidos con respecto a los derechos y actividades de las potencias europeas en el continente americano. Esta Doctrina, llegó a ser la base de la política aplicada por Estados Unidos respecto a Latinoamérica, aunque no fue respaldada por ninguna legislación aprobada por el Congreso, ni ratificada en el derecho internacional, por lo que inicialmente se la consideró tan sólo como una declaración política. Cuando su aplicación y popularidad aumentaron en Estados Unidos, a partir de 1845 fue elevada a la categoría de principio, es entonces, cuando se le denominada Doctrina Monroe. En su declaración original, afirmó que las potencias europeas no podían colonizar por más tiempo el continente americano y señaló que no deberían intervenir en los asuntos de las recientemente emancipadas repúblicas latinoamericanas; previniendo a los Estados europeos contra cualquier intento de imponer monarquías en las naciones americanas independientes, pero añadió que Estados Unidos no emprendería ninguna acción en las colonias europeas existentes ni en la propia Europa. Este último punto confirmaba las ideas ex-puestas por George Washington en su discurso de 1796, en el que recomendaba encarecidamente que Estados Unidos no entablara complicadas alianzas en política exterior. La Doctrina Monroe no tuvo gran repercusión en Estados Unidos hasta la década de 1840, cuando el presidente James Polk la aplicó para justificar la expansión territorial estadounidense. Recurrió a ella en 1845 como respuesta a las amenazas británicas en California y Oregón, y a los intentos de Francia y Gran Bretaña para impedir que Estados Unidos se anexionara Texas. Polk advirtió en 1848 que si Europa intervenía en la zona mexicana del Yucatán, Estados Unidos conquistaría esta región. A pesar de que Polk aplicó la Doctrina, cuya popularidad aumentó durante la década de 1850, la Guerra Civil estadounidense hizo disminuir enormemente su eficacia en la década siguiente; por este motivo, la reconquista de la República Dominicana por parte de España (1861) y la intervención de Francia en México (18621867) apenas encontraron resistencia.

@Enriqueprietos