EEUU deportó a migrantes a Irán y Venezuela a pesar de tener planes de una intervención militar

EEUU deportó a migrantes a Irán y Venezuela a pesar de tener planes de una intervención militar

Vuelo de migrantes deportados en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, en Maiquetía (Venezuela), el 19 de enero. Matias Delacroix (AP)

 

En su empeño por llevar a cabo la mayor deportación de la historia, Donald Trump no ha reparado en enviar a cientos de miles de migrantes a los países de los que huían, aun sabiendo que podrían ser perseguidos nada más aterrizar. En dos casos, sin embargo, había certeza de que se enviaban a zonas de conflicto, ya que Estados Unidos lanzó ataques militares contra sus Gobiernos. El 3 de enero, Trump ordenó la intervención militar en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, y el 28 de febrero bombardeó Irán junto a Israel, matando a su líder Alí Jameneí y desatando un conflicto que se ha extendido por toda la región de Oriente Próximo y no tiene visos de concluir pronto. En los meses anteriores a ambas acciones, decenas de vuelos aterrizaron con migrantes deportados en los dos países.

Por Patricia Caro | El País





En el caso de Irán, la Administración Trump puso fin a una política de décadas de no deportar a sus ciudadanos y darles asilo en Estados Unidos para evitar que regresaran a uno de los países con uno de los peores historiales de derechos humanos del mundo. El 28 de septiembre se realizó el primer vuelo de deportaciones en años a Teherán. Fue vía Qatar para aterrizar luego en la capital iraní. Fue uno de los traslados de migrantes más controvertidos desde que Trump regresó a la Casa Blanca e inició su cruzada antiinmigración. Viajaban 120 iraníes, incluidas tres mujeres. El peligro de estar en Irán ya se había hecho evidente meses antes, cuando en junio bombarderos y submarinos estadounidenses atacaron la planta de enriquecimiento de uranio de Fordow, la instalación nuclear de Natanz y el Centro de Investigación y Tecnología Nuclear de Isfahán. La guerra, que inició Israel al bombardear posiciones militares en Irán, duró 12 días.

En diciembre se produjo el segundo vuelo con iraníes y, en enero, el tercero, ambos a través de Kuwait. La violenta represión del régimen iraní contra las manifestaciones que se produjeron en enero y que provocó unos 30.000 muertos no frenó la decisión de la Casa Blanca de trasladar allí a sus ciudadanos. “No tenía sentido enviarlos. Si la postura de Estados Unidos es que el régimen iraní es represivo y antidemocrático, el hecho de que negociáramos con ellos sobre nuestra política migratoria es sorprendente. La idea de que Estados Unidos considere a Irán un lugar seguro para enviar a alguien choca con la postura política hacia ese país de las últimas décadas”, opina Rebekah Wolf, abogada del Instituto de Política Migratoria (MPI, por sus siglas en inglés).

Dos de los clientes de Wolf estuvieron a punto de subir a esos vuelos las tres veces. Llegaron a Estados Unidos en enero de 2025 y han estado detenidos desde entonces. Huyeron de Irán por la persecución que sufrieron por ser homosexuales, pero vieron su petición de asilo en Estados Unidos denegada por un juez de inmigración que no permitió la presencia de testigos en su juicio. Tampoco tenían abogados. El 28 de septiembre embarcaron en el avión que los llevaría a Irán junto con más de un centenar de deportados, pero el vuelo era comercial y el piloto, al ver su resistencia, se negó a llevarlos, según cuenta su abogada. También intentaron deportarlos en los otros dos vuelos cuyo destino final era Teherán, pero por la presión política y social que despertó su caso aún están en suelo estadounidense, esperando que se decida su apelación de los fallos. Si llegan a ser deportados, enfrentan la muerte, porque en Irán pertenecer al colectivo LGTBQ es ilegal y se paga con la pena capital.

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