
Estados Unidos vuelve a la guerra en Medio Oriente, una región con un largo historial de intervenciones militares en las que Washington ha estado implicado de alguna manera y que obtuvieron resultados dudosos.
Por BBC
En el ataque lanzado el 28 de febrero contra Irán resultó muerto el líder supremo del país, Alí Jamenei, uno de los objetivos del presidente Donald Trump, quien se ha propuesto acabar con el programa nuclear iraní y provocar un cambio de régimen en la República Islámica.
Trump no es el primero en intervenir en la región.
Sus antecesores, George Bush (padre e hijo) y Barack Obama, ya lo hicieron antes con Sadam Hussein en Irak, o con Muamar el Gadafi en Libia, autócratas cuyo derrocamiento no trajo, sin embargo, democracia o libertades a sus países, sino un periodo de guerra civil e inestabilidad que aún dura hasta nuestros días.
En Siria, Estados Unidos ayudó a acabar con el autodenominado Estado Islámico, pero tras la caída de Al Asad en 2024, otros grupos islamistas tomaron el poder.
Mientras, en Afganistán, el régimen del Talibán regresó al poder en 2021 tras casi dos décadas de intervención estadounidense en el país.
En un célebre artículo de 2015, Philip Gordon, diplomático y asesor de seguridad durante la presidencia de Obama, resumía así las intervenciones de su país en la región:
«En Irak, Estados Unidos intervino y ocupó el país, y el resultado fue un desastre muy costoso. En Libia, Estados Unidos intervino pero no ocupó el país, y el resultado fue un desastre muy costoso. En Siria, Estados Unidos no intervino ni ocupó el país, y el resultado es un desastre muy costoso».
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