Pilín León: La transición venezolana se está alargando más de lo que muchos esperábamos - LaPatilla.com

Pilín León: La transición venezolana se está alargando más de lo que muchos esperábamos

Lo digo con franqueza: no solo desde el análisis político, sino también desde una sensación muy humana de angustia y de cansancio acumulado después de tantos años de lucha. Muchos creímos que la salida de Maduro abriría de inmediato el camino hacia una democracia clara y sin ambigüedades. Sin embargo, lo que estamos viendo es un proceso más lento, lleno de matices y, para muchos, profundamente inquietante.

Me preocupa particularmente escuchar declaraciones recientes del presidente Donald Trump refiriéndose a Delcy Eloína Rodríguez en términos elogiosos, incluso calificándola como “terrific”. Cuesta entender cómo puede describirse así a una figura que ha sido parte central del aparato político que condujo a Venezuela a la peor crisis de su historia. Una mujer que participó en el diseño y sostenimiento de un sistema que persiguió estudiantes, reprimió protestas, encarceló opositores y obligó a más de ocho millones de venezolanos a abandonar su país.

Entiendo que los procesos de transición política suelen ser complejos. También entiendo que la recuperación económica —especialmente en un país petrolero como Venezuela— requiere negociaciones y acuerdos. Pero hay un punto que no puede perderse de vista: la transición no puede construirse ignorando a quienes han pagado el precio más alto por la libertad.





Hay que tomar en cuenta a María Corina Machado. Hay que tomar en cuenta a Edmundo González. Hay que tomar en cuenta a los presos políticos, a quienes fueron torturados, a quienes perdieron su país y viven hoy en el exilio. Y hay que tomar en cuenta también a esa inmensa diáspora venezolana que supera los ocho millones de personas y que ha sostenido, desde fuera, la esperanza de un país democrático.

La democracia no se construye solo con estabilidad económica. También se construye con legitimidad política. Y la legitimidad exige algo muy claro: un camino definido hacia elecciones libres, transparentes y verificables.

Por eso preocupa que aún no existan tiempos establecidos. Las transiciones necesitan metas, y las metas necesitan plazos. Sin un horizonte electoral claro —con veeduría internacional independiente y condiciones reales de competencia— el riesgo es que los tiempos indefinidos terminen beneficiando a quienes todavía controlan las estructuras del poder.

Venezuela necesita recuperación económica, sí. Pero también necesita recuperar su democracia. El país reclama elecciones libres. Reclama instituciones legítimas. Y reclama que el sacrificio de tantos venezolanos no quede relegado a un simple capítulo incómodo de la historia.

La transición será verdadera solo cuando los venezolanos puedan decidir nuevamente su futuro en libertad. Y ese momento no puede quedar suspendido en un tiempo indefinido.