Lapatilla

Un lugar entrecruzado de caminos y encrucijadas que dificultan la salida, es un lugar que se parece a la situación de nuestra patria. Un laberinto.
Empecemos por el final o la salida. La entiendo como el renacimiento de una República Civil, Democrática y Soberana, fundamentada en la voluntad popular y un estado de derecho institucional.
Una República que impulse la justicia social, el Estado de servicios, la libertad económica y el respeto de los derechos humanos, entre otros principios cardinales de la convivencia pluralista que construyen la paz.
El laberinto desorienta la ruta hacia esa salida. Se tiene un poder establecido interno –ilegítimo, corrupto y simulador de seudo-democracia, que se adapta a los dictados de un poder externo, más interesado en el control de los recursos energéticos, que en los valores democráticos. Si eso no es un laberinto, ¿qué es?
Los detentadores de la legitimidad electoral, están en el exilio, buscando relación y apoyo con ese poder externo que ya reconoce la autoridad diplomática de la usurpación. Después de la extracción, el laberinto luce hasta más complicado.
La fuente de soberanía que son las elecciones limpias y libres, son tema de justas exigencias. Pero en concreto no hay nada. Mientras tanto las libertades cívicas siguen siendo un anhelo, no una realidad. Al igual que esa gran causa de lucha que es la liberación nacional.
Ojalá que se encuentre cómo despejar la salida del laberinto. Muchos poderosos no quieren que eso ocurra, pero el pueblo sí.
