
La escalada del conflicto en Medio Oriente reintrodujo un factor que había perdido protagonismo en la política monetaria global desde 2022. El encarecimiento del petróleo, tras ataques y represalias que alteraron el comercio en la región, volvió a situar a la energía en el centro del debate sobre inflación y tasas de interés.
Por Bloomberg
El impacto no se distribuye de forma uniforme. Para algunos países, el petróleo caro mejora los ingresos externos o fiscales. Para otros, eleva los costos energéticos y presiona los precios internos. Ese contraste se refleja en las decisiones de los bancos centrales, que enfrentan un escenario donde el choque energético puede alterar el ritmo de los ciclos monetarios.
El economista Carsten Brzeski, jefe global de macroeconomía de ING, advierte que “la única pregunta para los bancos centrales siempre ha sido si deben mirar a través del shock, no hacer nada o subir las tasas”. Ese dilema aparece en un momento en que varias economías de América Latina aún operan con tipos de política monetaria altos tras el ciclo de endurecimiento iniciado después de la pandemia.
Brasil y México ante el shock energético
Las dos principales economías de América Latina enfrentan el encarecimiento del petróleo desde posiciones distintas dentro de la región, aunque ambos comparten un rasgo central. Los ingresos fiscales y externos tienen exposición directa al comportamiento del crudo.
Brasil, con una tasa de referencia de 15%, combina esa dependencia con un ciclo monetario aún restrictivo. Adriana Dupita, economista de Bloomberg Economics, sugiere que el impacto del conflicto no implica necesariamente un cambio de dirección en la política del Banco Central de Brasil, aunque sí puede alterar su ritmo.
Dupita sostiene que “la guerra con Irán no impedirá que el banco central de Brasil inicie un ciclo de flexibilización, pero la incertidumbre impulsada por el petróleo podría ralentizar el ritmo de los recortes de tasas de interés”.
El análisis de Bloomberg Economics introduce además escenarios cuantificados para evaluar el alcance del choque. Con un petróleo en US$80 por barril, el saldo comercial brasileño podría mejorar en hasta US$10.000 millones y el balance fiscal en cerca de 0,2% del PIB, mientras la inflación subiría alrededor de 0,6 puntos porcentuales.
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